Italia estaba ayer conmocionada tras el poderoso sismo que sacudió en la madrugada de ayer el centro de Italia y que dejó unos 150 muertos y unas 100.000 personas sin hogar y destruyó ciudades medievales enteras cuando sus residentes dormían.
Mientras socorristas buscaban sobrevivientes entre escombros e instalaban carpas para los que quedaron sin techo, autoridades advirtieron que la cifra de muertos podía aumentar sustancialmente y se negaron a estimar los desaparecidos.
La mayoría de víctimas fatales fue en L’Aquila, capital de la montañosa región de Los Abruzos a unos 100 Km al este de Roma, y en las localidades aledañas en la región de Los Abruzos.
El sismo de entre 5,8 y 6,3 grados -casi de igual al último sismo que se sintió en San Juan- ocurrió poco después de las 3.30 hora local 23:30 de Argentina y varias réplicas han sacudido el área durante el día.
Uno de los relatos más dramáticos de día daba cuenta del hallazgo del cuerpo de una mujer en su cama abrazada a sus dos hijos. Los tres murieron aplastados en su casa.
El otro punto de tensión fue por los jóvenes estudiantes, muchos de ellos extranjeros, atrapados entre los escombros de un instituto religioso. Cuatro fueron rescatados muertos, en tanto 25 chicos españoles salieron con vida y muchos aún permanecen desaparecidos.
"Me desperté escuchando lo que sonó como una bomba", dijo Angela Palumbo, de 87 años. Pudimos escapar con las cosas cayéndose alrededor nuestro. Todo se sacudía, los muebles se caían. No recuerdo haber visto algo semejante en toda mi vida", narró.
El primer ministro Silvio Berlusconi canceló un viaje a Moscú y anunció estado de emergencia nacional y que liberaría fondos para asistencia y reconstrucción. También pareció a la defensiva ante reportes de que las autoridades habían ignorado una advertencia acerca del sismo que había hecho hace unas semanas un científico local.
Funcionarios del Ministerio de Protección Civil dijeron que unas 100.000 personas habrían perdido sus hogares en 26 ciudades y localidades. Más de 1.500 personas resultaron heridas y miles de casas, iglesias y edificios colapsaron o quedaron dañados.
En L’Aquila ancianas lloraban y residentes con sus propias manos ayudaban a bomberos y socorristas a buscar entre los escombros.
Casas antiguas y construcciones hechas de piedra, particularmente en localidades periféricas que no habían sido restauradas, colapsaron con facilidad.
Los hospitales no daban a basto y olor a gas llenaba algunas partes de las localidades montañosas debido a la ruptura de cañerías. Es que en varios zonas se abrieron zocabones de cinco y más metros de diámetro y de gran profundidad.
Campamentos improvizados, estadios deportivos y hoteles servían de refugio a los sin techo.
Habitantes de Roma, que registra poca actividad sísmica, se despertaron con el temblor, que provocó la caída de muebles y el bamboleo del alumbrado público.
El Papa Benedicto XVI dijo que estaba ofreciendo una plegaria especial por las víctimas.
"Cuando se produjo el sismo, corrí a la casa de mi padre, abrí la puerta principal y ví que todo había colapsado. Mi padre seguramente está muerto. Pedí ayuda pero no había nadie cerca", dijo Camillo Berardi en L’Aquila.
En otra sección de la ciudad, residentes intentaban silenciar los gemidos de la gente para ubicar la procedencia del sonido de un bebé que lloraba.
Puentes y carreteras del área montañosa fueron cerrados como precaución.
Este es el peor terremoto desde 1980, cuando un sismo de magnitud 6,5 causó la muerte de 2.735 personas en el sur del país.
