Como si esto fuera un juego más, Adriana Puiggrós y el Senado de la Nación han puesto en jaque a la universidad argentina y por ende han cuestionado a todos los profesores que por ella promueve a los alumnos, futuros profesionales, a procurar que por la comprensión, la calidad y el honor de la enseñanza y el aprendizaje de la cátedra, nuestro futuro en las ciencias decante en la absoluta mediocridad. Como si el presente de la máxima excelencia y educación soberana de nuestro pueblo entregada a su destino, pasara por un simple examen de un proyecto que impactando en el Senado de la Nación tuviese un efecto de onda expansiva tal que derrumbara la única y verdadera motivación que impulsa al joven como un desafío en el mismo momento en que se originan sus primeros pasos al conocimiento universal para seguir escalando peldaños, superarse y obtener su máximo galardón, "El título universitario”.
Es que Adriana Puiggrós y el propio Senado nacional no tienen ni la más mínima idea de lo que han hecho y de la gravedad institucional a la que han sumergido la universidad o bien, dicho de otra manera, si la tienen, intencionalmente han dañando el origen y motivación misma de la universidad, han desnaturalizado "El Sistema de Educación Formal Superior” hecho que no tiene perdón y ningún tipo de justificación. Esto, sepa la población argentina es una verdadera provocación a todos los componentes de la comunidad universitaria y una decisión ni siquiera arbitraria, más bien perversa, retorcida y maliciosa, resuelta entre gallos y media noche y a espalda de todo profesional argentino, una verdadera bofetada a los grandes hombres constructores del universo científico y hacedores de los méritos por los que el saber se alcanza. Hay que ser muy descarado para embarcarse en tamaña decisión. ¿Este es el "Senado” que tenemos? Y por todo ello no quedamos en la crítica aplastante, sino que fundamentaremos con el conocimiento que la misma universidad en sus egresados formó, a saber: Ni Puiggrós ni el Senado saben lo que es gratuidad de la enseñanza. No tienen ni idea de lo que es un gravamen, tasa, impuesto, arancel o tarifa sobre las carreras de grado en las universidades públicas en las que pretenden hacer recaer tal prohibición. El texto de la norma que define el ingreso a la educación universitaria como "libre e irrestricto” tomado en los fundamentos del proyecto que explican este punto y que busca evitar que se restrinja el acceso a las facultades públicas, vía "exámenes eliminatorios” u "otros mecanismos de exclusión”, es lo mas aberrante que se podría interpretar puesto que es libre porque nadie tiene impedido el acceso y es irrestricto porque no condiciona a la persona del alumno sino que mide su preparación. Los exámenes o conductas previstos para el ingreso jamás fueron ni son de exclusión, y nunca lo serán, son simplemente pruebas del talante y ánimo del aspirante de querer ser profesional, un profesional que garantice su voluntad e idoneidad de querer ser.
La nivelación o prueba, del ingreso, la aprobación o reprobación y la condicionalidad son instancias que hacen a la superación del aspirante. La universidad no tiene ni jamás tuvo el objetivo de truncar el futuro del joven y menos aún de hacerlo fracasar. La universidad simplemente marca rumbos y señala destinos. Es el joven mismo el que debe enfrentarlos.
Permítame el Senado y Puiggrós, en público, y ante todo el mundo académico, no asumir ninguna defensa de la universidad en cuanto al ingreso, ya que la universidad cuenta con administrativos y profesionales responsables, sino simplemente aludiendo a tan nobles cargos que ostentan ustedes, presentar públicamente ambas posturas y defender ante nuestros jóvenes estudiantes tan desafiante y desatinada tesis que presentan, "la de prohibir el examen de ingreso a la universidad”.
Tan solo por nuestra simple condición de profesores y en particular, asumo como egresado mi propia defensa, por el bien de nuestros jóvenes, por el mérito que deben tener y por el estudio que tienen que asumir, porque la universidad, nuestra universidad, también es soberana, como nuestro pueblo, como nuestro suelo, como nuestra educación. Invito a este frente a todo, educador y profesional; académicos y ciudadanos e incluso a aquellos críticos u oponentes a develar esta verdad.
(*) Filósofo, pedagogo y escritor. Orientador en pedagogía social y comunitaria. Educación parasistemática.
