Señor director:
Dicen que "muerto el perro se acabó la rabia”. Evidentemente es así. No hay obstáculos para llegar al fondo del homicidio del fiscal federal Alberto Nisman, cometido hace un año.
A los jueces les decimos: "No están solos! Trabajen sin ataduras políticas”. Tal vez, nunca se dieron cuenta que son la máxima institución de un país. El Poder Judicial de la Nación; es más valioso que un poder oficialista de la impunidad.
Necesitamos respuestas a un magnicidio nacional. A alguien ultrajado hasta después de muerto. El juez Ricardo Sáenz, se animó y dijo a los medios que el fiscal Nisman fue asesinado: es lo que la sociedad afirmó hace tiempo.
Analizando los hechos, nos llama la atención: ¿cómo supo el asesino que Lagomarsino le entregaría un revolver a Nisman? Es la punta de la investigación que cae siempre en Lagomarsino.
¿Cómo mantiene a su familia si no tiene trabajo? Advertimos, asimismo, que acabado el miedo avanzan las causas, y la Justicia desempolva los expedientes de la corrupción más famosos de la historia.
El juez Rafecas se desentiende. Sería más honesto que renunciara. El país cambió y no hay cabida para los delincuentes.
Justicia para Alberto Nisman, por la dignidad de un país que, a pesar de las amenazas, supo ponerse de pie.
