Para Norma Muñoz la vida cambió aquella tarde del 19 de marzo de 2009. Un pariente fue desesperado a su casa de Marquesado a darle una amarga noticia: Rodrigo (26), el mayor de sus dos hijos, había sufrido un accidente cuando se metió por orden de un capataz a sacar un trozo de caño roto en la red cloacal de calle Roque Sáenz Peña, al Oeste de Colón, Santa Lucía. Un compañero trató de rescatarlo, pero casi padeció la misma suerte que el muchacho. Minutos después, Norma llegó al lugar y se topó con policías, curiosos y periodistas. De inmediato supo que a su hijo algo malo le había pasado; nunca más lo volvió a ver. Recién dos meses después hallaron parte de un pie y más tarde encontraron parte del torso del joven obrero en esa red cloacal. En esos meses de angustia y de intensas búsquedas, la vida de Norma comenzó a desmoronarse. Para ella no era cierto que ese joven que había sufrido ese accidente era su hijo. Para ella sólo era un mal sueño que iba a terminar algún viernes, mientras esperaba que su hijo apareciera y le diera un abrazo. Pero Rodrigo nunca llegó y la vida de su madre nunca más fue la misma. De empleada doméstica y ama de casa, esa mujer pasó a ser la abanderada de una búsqueda desesperada, de ir cada día a cada punto de rastrillaje, de ir al frente en cada marcha por el centro reclamando por mejores métodos de exploración en la cañería cloacal. Fueron tiempos llenos de dolor y de lágrimas interminables para Norma tras la muerte absurda de Rodrigo. Una muerte que además dejó secuelas físicas y emocionales en todos sus familiares.
NO SE SUPERA
La muerte de su hijo cambió a Norma. “Soy más malhumorada y se me olvidan las cosas. Estuve mucho tiempo enojada con la vida y con Dios, porque no entendía el drama que me puso enfrente. A veces paso semanas sin dormir pensando si me hijo me llamó a mí o a su pequeño hijo cuando cayó”, relata Norma, entre lágrimas. Pero la desgracia no sólo cambió a esa madre. Uno de los tíos de Rodrigo participó de la búsqueda y algunas veces lo hizo por cuenta propia. Ese deseo irrefrenable por encontrar a su sobrino lo terminó enfermando y tuvo que ser internado y medicado.
Roberto (78), abuelo y prácticamente padre del joven obrero, fue otro que también resultó afectado por la muerte. Hace cuatro meses le realizaron un doble By Pass en su corazón. En la familia dicen que lo de Rodrigo lo tiró abajo. Por si fuera poco, después de la operación coronaria, sufrió un accidente cerebro vascular. Por eso, la familia se cuida de no nombrar a Rodrigo delante suyo, porque el hecho de escuchar su nombre hace que el anciano rompa en llanto.
Después del accidente, su madre movió cielo y tierra para que apresuraran las tareas de rescate. Pero con el correr de los días, las esperanzas de hallarlo vivo se esfumaron. Tras una larga búsqueda sin resultados, Norma consultó a varias videntes, pero la mayoría de los “pronósticos” sobre su hijo eran erróneos. “Una sola acertó. Me dijo que tenía que ser fuerte, porque no lo iba a encontrar entero y que a los siete días de esa comunicación iba a tener novedades”, contó Norma.
Diez días después de ese llamado, el 10 de mayo de ese año, encontraron parte de un pie de Rodrigo. Y el 7 de octubre, hallaron restos de su torso. Eso confirmó su fallecimiento. “El día que sepultamos a Rodrigo se fue una parte de mí. Era todo”, dijo Norma Muñoz, entre lágrimas.
INCONFORMIDAD
Luego del sepelio, Norma siguió llamando cada semana a la planta del Bajo Segura para saber si habían encontrado otro resto de su hijo, pero hace 8 meses dejó de llamar. En su casa la habitación de Rodrigo estuvo cerrada mucho tiempo, pero luego del entierro fue reacondicionada como un comedor. Lo curioso es que le dieron dos manos de pintura y ni aún así las letras de canciones de “Los Redonditos de Ricota”, su banda favorita, se borraron. “Pinté y parece que mi hijo se enojó conmigo, porque las letras aparecieron otra vez”, comentó.
Por otro lado, Norma aseguró que una vez intentó contactarse con Nicolás Vargas, el compañero que trató de rescatar a Rodrigo, pero “no me quiso atender. Sólo quería verlo para darle las gracias porque arriesgó su vida para salvarlo”.
En relación al procesamiento por homicidio culposo de Nelson Vergara, el capataz de Muñoz, Norma comentó que “me hubiera gustado también que hubiesen hecho algo con la empresa por no tener ningún elemento de seguridad. No sé cuándo se hace o si se hizo algún juicio, porque dejé de tener contacto con mi abogado. La única que sabe eso es mi nuera. Lo único que deseo es que quien tenga que pagar por la muerte de mi hijo, pague”, precisó Muñoz.
