La simple didáctica consiente una reseña los sismos, temblores y terremotos que afectaron San Juan de diversas formas entendiendo a estos, desde lo puramente sismológico, como aquellos movimientos de la corteza terrestre que producen daños materiales objetivos con pérdida o no de vidas humanas.

El primero que registra la memoria, sin elementos técnicos y precisiones mensurables de magnitud e intensidad ajustada, sucede el sábado 27 de octubre de 1894 a las 16:25. Su epicentro se fija en Jáchal; Lat. 29, 8 y Long. 69, con intensidad IX y magnitud 8,2 en la escala de entonces, que corresponde al grado 7,5 actual. En Pocito no produce daños notables pues la edificación propensa a ser afectada aún no existía, pero en Capital cayeron dos iglesias y los perjuicios fueron considerables en los edificios públicos, con 10 muertos y muchos heridos.

El segundo terremoto sucede el 26 de julio de 1917 a las 23:51 con epicentro entre San Juan y Mendoza; Lat. 32,3 y Long. 68,9 con intensidad VII y magnitud 6,3. En Pocito fue muy intenso, los daños fueron ostensibles, y en Rinconada murió una persona por su causa. Uno casi olvidado se percibe el 3 de julio de 1941 a las 3:12 con intensidad VII y magnitud 6. En la capital produjo serios destrozos y mueren 2 personas en 25 de Mayo.

El más destructivo de los terremotos de la historia argentina sucede el sábado 15 de enero de 1944 a las 20:49′:27+ con Lat. 31,4 y Long. 68,4, hipocentro a 30 km de profundidad, intensidad IX y magnitud 7,8 con epicentro en San Juan Capital. A pesar de la inimaginable catástrofe humana (más de 10.000 muertos) y los daños totales en casi todo lo edificado, sujeto o adherido al suelo, en Pocito su efecto fue muy relativo hasta el asombro y la incredulidad. No hubo un solo muerto, y los bienes inmuebles públicos y privados no fueron mayormente afectados de gravedad. Pero no quedaría inmune esta tierra a los movimientos telúricos, y en la noche del 10 de junio de 1952 a las 21:31′:37+ Pocito tendría su temblor propio con epicentro aquí mismo; Lat 31,6 y Long. 68,6; 30 km de profundidad; intensidad VIII y magnitud 7 con variaciones marcadas de una a otra zona. Este sacudimiento hizo mucho daño de todo carácter, desde la niña Evangelina Zamora de 6 años muerta en El Abanico, hasta la inhabitabilidad de numerosas viviendas y edificios públicos. Pero todo se calma y acomoda para que la vida continúe sedada por infinitos círculos concéntricos.

Hasta que corcovea nuevamente el piso la madrugada del 23 de noviembre de 1977 a las 6:26′:23+. Lat. 31,4, Long. 67,76, con intens. IX y magn 7,4 (con variaciones zonales), una profundidad de 17 km y epicentro en Pie de Palo. Este sismo no produjo males mayores en Pocito; sólo grietas en la corteza y en algunas casas, con pozos artesianos de riego inhabilitados por siempre y el temor propio de la incertidumbre ubicacional. En Caucete produjo más de 60 muertos y mucho daño estructural.

San Juan está ubicado sobre un plegamiento tectónico activo. Tiene entonces un piso impredecible. Así y todo, el riesgo no es mayor que muchos otros lugares de la geografía del mundo, y sirva esto para alivianar temores y creencias infundadas. La tierra es un perpetuo movimiento como el universo, como la vida misma, y este principio físico cabe a la provincia.

A partir de 1952 el registro de los sismos se hace de modo regular, sistematizado en forma técnica con aparatos, conocimientos y sismógrafos del mejor y preciso nivel a escala internacional. En el Cerro Valdivia de Carpintería existe desde el 1 de septiembre de 1975 una estación sismológica -RTCV- a 670 mts snm, dependiente del Inpres e interconectada con otras 45 estaciones del país. Registra la magnitud y duración de los temblores con finos detalles científicos.

El Instituto Nacional de Previsión Sísmica fue creado el 8 de mayo de 1972, siendo su primer director y durante 18 años, el Ing. Julio Sohar Aguirre Ruiz, sanjuanino.

(*) Médico clínico.