Casi ignorado en la geopolítica mundial, el terrorismo yihadista se convirtió en los últimos meses en uno de los principales problemas para la seguridad, porque no solo apunta a Occidente sino también ataca y desestabiliza países del área donde ha nacido el denominado "Estado Islámico" (EI), que ya supone una amenaza en el Mediterráneo, en el Golfo Pérsico y para China y los países asiáticos.
La opinión pública ha sido sacudida por la crueldad con que actúa este movimiento armado fundamentalista que empezó como un grupo de apoyo a Osama Bin Laden, en 2000, muy bien equipado, temido por su crueldad y con objetivos que llegan a inmolarse ante la derrota. La decapitación del periodista estadounidense James Foley, documentada en un video de los yihadistas en las redes sociales, es testimonio de los dogmas más radicalizados que buscan imponer en forma despiadada.
El jefe de la diplomacia estadounidense, John Kerry, ha planteado la urgencia de constituir una alianza global para frenar al EI en Irak y Siria, para evitar su expansión, ya que sostuvo que ningún país civilizado debe eludir su responsabilidad en esta emergencia mundial. EEUU buscará en las próximas semanas el apoyo de sus aliados europeos, con un nuevo esquema de lucha contra los genocidas: una coalición internacional que use las herramientas políticas, humanitarias, económicas, de seguridad y de Inteligencia en apoyo de la fuerza militar conjunta que actúe en la región.
Coincidente con la posición norteamericana, el ministro de Defensa de España, Pedro Morenés, sostuvo ayer que la OTAN, como la organización militar que defiende los principios y valores de las sociedades más avanzadas, tiene que mirar a todas aquellas partes del mundo donde los intereses y principios puedan estar en riesgo, lo que llevaría a una decisión en los próximos días.
La premisa de combatir a la insurgencia islámica que busca crear un califato entre Damasco y Bagdad para imponer la más primitiva versión de la sharia, produciría un giro inesperado, según los estrategas, de tal manera que no sería descabellado que fuerzas internacionales encabezadas por EEUU o la OTAN colaboren con Siria e Irán, enemigos políticos de Occidente, porque el embate de los yihadistas en Oriente Medio ya merodea en sus fronteras.
