El general José Felix Uriburu, al mando del Ejército, derrocó el 6 de septiembre de 1930 a Hipólito Yrigoyen, presidente constitucional de Argentina en representación de la Unión Cívica Radical (UCR), por medio de un golpe de Estado que sacó del poder por primera vez a un mandatario elegido por el voto secreto en elecciones libres, y del que hoy se cumplen 85 años.
Se trató de una asonada que inauguró un mecanismo de recambio mediante el cual las Fuerzas Armadas se constituyeron en una fracción política que actuaba al servicio de los intereses de las clases sociales dominantes. La crisis del capitalismo que tuvo lugar tras el crack bursátil de Nueva York, en 1929, trajo aparejada una caída de los precios internacionales de las materias primas, y esto significó un duro golpe para la economía Argentina y su modelo agroexportador.
Yrigoyen, el primer jefe de Estado electo por el voto universal y secreto, consagrado por la Ley Sáenz Peña en 1916, cumplía su segundo mandato y su autoridad comenzó a ser seriamente cuestionada por sectores sociales y políticos que creían que el Ejército debía hacerse cargo de la situación.
Así, se iniciaba una campaña de desprestigio contra la figura del viejo caudillo popular. Se acuñó, en los días previos a la asonada, el mito de que a Yrigoyen sus acólitos ‘le hacían un diario’ en el que le contaban una realidad a su medida. Sin embargo, se trató de una mentira difundida por la prensa opositora, interesada en mostrar al presidente como un hombre confundido y senil.
Eran frecuentes las manifestaciones por parte de conservadores, radicales antipersonalistas y socialistas, quienes llamaban ‘tirano’ a Yrigoyen.
Bajo el amparo de terratenientes, que veían con preocupación que ante la crisis el gobierno tomara medidas que pusieran en riesgos sus intereses, los militares pusieron en marcha la conspiración. Desde un comienzo se vislumbraron dos posturas claras en el movimiento golpista: los que pretendían un Estado fascista y corporativo y los conservadores que soñaban con volver al régimen político anterior al de 1916, caracterizado por el fraude electoral.
Los que soñaban con un Estado corporativo se identificaban con Uriburu, en tanto que los conservadores se aglutinaban detrás de la figura del general Agustín P. Justo. El sábado 6 de septiembre de 1930, cadetes del Colegio Militar desalojan de la Casa de Gobierno al vicepresidente Enrique Martínez, en ejercicio del Poder Ejecutivo, ya que Yrigoyen se encontraba de licencia por enfermedad.
El presidente fue apresado. Uriburu asumió la presidencia y la Corte Suprema emitió una sentencia que convalida el golpe. Ante la necesidad de afrontar compromisos externos, tomó créditos y aplicó fuertes reducciones del déficit fiscal. En medio del descontento, en 1932, Uriburu se vio obligado a llamar a elecciones para luego partir a Europa, donde moriría. El gobierno proscribió al expresidente Marcelo T. de Alvear y el radicalismo decidió no presentarse, lo que favoreció a Justo, que se impuso en medio de un fraude generalizado. Se inició, así, un período signado por la corrupción que se conocerá como Década Infame. Télam
