La reciente toma de colegios por parte de estudiantes en la Capital Federal, no debió contar con el debate entre los cabecillas del movimiento y las autoridades educativas de esa jurisdicción. El caso de que 30 alumnos de más de 12 colegios pusieron en vilo a toda una sociedad en momentos en que se necesita de acuerdos que lleven a la pacificación y a la estabilidad social, es preocupante.
Tampoco se debieron interrumpir las clases en momentos en que todo está organizándose para que no fracase la dinámica de la enseñanza en nuestro país. Hay que tener en cuenta que cuando los hechos abandonan los límites correspondientes a las acciones previstas, se desnaturalizan los conceptos y las razones y se genera un estado de confusión que puede desmerecer el objetivo básico.
La autoridad es el poder que gobierna por derecho, una potestad, facultad y legitimidad que no se debe desconocer. También existe el peligro de funcionarios que temerosos de ejercer autoridad efectiva, puedan desconocer el volumen de hechos que son bien observados por la opinión pública, lo que equivale a dar un paso atrás en las responsabilidades básicas.
El diálogo sólo funciona entre pares, se trate de hechos sociales, históricos y o funcionales. De igual a igual se pueden poner todos los temas sobre la mesa haya o no sorpresas en el intercambio de ideas. Lo contrario puede llevar a la anarquía que es la ausencia de poder público y que se hace notar como desconcierto e incoherencia. Algo que entorpece seriamente la comunicación entre las personas.
Una vez más el eje de la cuestión es la conducta humana, la forma de comportamiento del hombre ajustado a las circunstancias, es decir al tiempo y al espacio de la cuestión que se está tratando abiertamente. El debate de los estudiantes citados, no justificó la intervención del ministro de Educación del Gobierno Autónomo de la Ciudad de Buenos Aires. Antes de ello, era posible canalizar la cuestión a través de autoridades que no fueran de la primera línea, lo que hubiera colocado el acontecimiento entre parámetros de más normalidad y de accesible comprensión para la opinión pública.
El diálogo sigue como mejor solución, pero la autoridad bien ejercida respeta los espacios correspondientes a los debates y al intercambio de ideas.
