Como si se tratara de un atractivo turístico, varias personas que visitan la ciudad bonaerense de La Plata toman fotografías y observan con curiosidad la casa del odontólogo Ricardo Barreda, que hace 20 años mató a sus dos hijas, su esposa y su suegra.

Barreda, que siempre contó haber sufrido humillaciones por parte de su esposa, hijas y suegra, es una persona apreciada por algunos vecinos platenses y criticada por otros. ‘Su casa de La Plata está totalmente abandonada. He visto a gente de otras zonas y a turistas que se acercan para sacarle fotos al frente de la casa del odontólogo’, comentó a DIARIO DE CUYO Ariel Alaniz, un sanjuanino que vive desde 2010 en La Plata, a 15 cuadras de la vivienda de Barreda.

Alaniz, casado con una platense, explicó que la casa está ‘marcada con grafitis’. En el portón de ingreso hay un agujero. ‘Cualquiera que pasa puede ver que adentro hay un Falcon roto y con bastante tierra, porque lleva años sin usarse. Desde el día que lo detuvieron nunca más sacaron el auto’.

El 15 de noviembre de 1992, Barreda (76 años) mató con una escopeta a su esposa, de 57 años, a su suegra (86) y a sus dos hijas de 24 y 26. El odontólogo, que actualmente vive con su novia en el barrio porteño de Belgrano, había contado que el día del homicidio le dijo a su mujer que iba a sacar telarañas del techo. Ella le habría respondido, despectivamente, ‘andá a limpiar, que los trabajos de conchita son los que mejor hacés‘.

Barreda, que siempre ha recordado como era humillado por su familia, fue condenado en 1995 a prisión perpetua. En 2008 le concedieron el beneficio del arresto domiciliario, por su buena conducta y por ser mayor de 70 años. Luego le revocaron ese beneficio por violarlo. Tras idas y vueltas, en marzo de 2011 le fue otorgada la libertad condicional.

Se espera que hoy, en coincidencia con los 20 años del homicidio, la Cámara de Senadores bonaerense convierta en ley la expropiación de la casa de Barreda en La Plata. La idea es que esa vivienda se convierta en un lugar para luchar contra el machismo y la violencia de género.

Entre tantos grafitis que hay en la casa ubicada en calle 48, entre 11 y 12, ‘me llamó la atención un cartel que dice: Asesino de mujeres. Es uno de los más grandes. La casa está totalmente abandonada. Así es que lo que escriben ahí queda hasta que alguien le escriba encima’, explicó el sanjuanino Alaniz (37 años).

Su esposa Lorena Mastropietro, nacida en La Plata, dijo que la casa de Barreda está en un sector ‘cercano a tribunales, donde hay mucho movimiento de gente todo el tiempo. Es bastante céntrico y los días de semana ni siquiera podés estacionar por ahí’.

Tras aceptar que le desagrada ver esa casa ‘juntando mugre’ en una zona que es ‘muy linda’, Lorena (37 años) agregó que la vivienda de Barreda ‘es muy grande. Ese tipo de casas antiguas cotizan mucho por acá. Ya ni siquiera permiten remodelarlas, las dejan como patrimonio cultural’. Según su relato, los platenses decían que Barreda ‘era un tipo normal. La gente lo apreciaba. Uno se pone a pensar qué le pudo haber pasado para tomar esta decisión’.