Las sociedades han ido cambiando acelerada y diversamente y al hacerlo han dejado sobre la superficie de los hechos algunos indicios preocupantes tanto para el presente como para el futuro. Diferentes manifestaciones revelan cómo los hombres se separan y se reagrupan en torno de proclamas pasajeras y de promesas que no se cumplen, caracterizaciones que impiden ver la realidad. Las ideas y los ideales parecen haberse alejado de los hombres, sobre todo en momentos en que la gran preocupación es la crisis financiera global y lo que habrá de enfrentar cada uno.

La gente en general -según lo que se escucha en algunas conversaciones o a quienes opinan a través de los medios, especialmente de la radio- reacciona de dos maneras: con euforia o con indiferencia. Los primeros deforman la realidad y sus posiciones duran poco ya que cuando el ánimo se normaliza, porque simplemente no se puede vivir en la euforia permanente, el tema de interés desaparece. En tanto que los indiferentes -los reales demoledores de la realidad social- juegan a la ciudadanía con frases perimidas como, "y, aquí nunca pasa nada" o "los argentinos somos así" o "ésto no da para más." Y, así, sin definiciones verdaderas nada aceptan, critican todo y, lo que es peor, no pueden percibir la vida tal cual es.

Es decir, los lugares que pertenecen a todos tienen la impronta de una realidad frecuente tan atrapante como necesaria para poder compartir las ideas y proyectos que llevarán al bienestar general. Encerrarse en lo propio y desinteresarse por lo universal es un hecho que aleja al hombre de la realidad.

Nadie debe despreocuparse por los cimientos de la vida en común, es decir por la educación, la salud, la vivienda -los verdaderos derechos humanos- y tampoco por lo que sucede en los poderes del Estado. Hay que saber qué sucede antes de juzgar. Y, en ésto aparece una gran preocupación hacia el futuro, el desinterés de mucha gente joven. Jóvenes que no saben lo que pasa en el país ni el mundo. Y cuando se les interroga sobre la causa, dicen estar muy desilusionados con los políticos.

El desinterés por lo que sucede, es un mal consejero y es -tal vez- una de las causas del debilitamiento de las instituciones, lo cual perjudica doblemente porque se viven tiempos en los que hace falta fortalecer las instituciones para resguardar los verdaderos códigos de la sociedad empezando por la coherencia, la confianza y la disposición individual participativa.

La sociedad de hoy vista por un conocido académico internacional. El argentino Bernardo Kliksberg, dijo que vivimos en una sociedad indiferente pese a que el mejor control de la corrupción lo ejerce la gente indignada. Se puede perder mucho por la corrupción porque cuando hay mucha corrupción se generan ganancias gigantescas y aumenta la inequidad, alertó.

América Latina -dijo Kliksberg- es la región con más desigualdad social, en tanto siguen existiendo dos códigos: los corruptos que piensan todo para mí y nada para los demás e ignoran que la Biblia dice..lo mejor para mi hermano.

Hace décadas que se viene diciendo en la Argentina que "somos un gran país…", lo cual es cierto desde el punto de vista de su riqueza natural, de sus paisajes y de su gente. Han cambiado gobiernos pero no se ha tenido todavía la sensación de que comenzamos a desarrollar nuestra riqueza integralmente.

El comienzo. Tenemos una pérdida importante que recuperar y es el descenso educativo y por lo tanto cultural y ético que son consecuencias directas del proceso de formación de la persona. Ese sistema se debilitó en sus raíces y hoy nos encontramos con que las permisividades idiomáticas se observan como un hecho natural en los medios de comunicación masiva, en tanto un gran porcentaje de los estudiantes secundarios se llevan 7 u 8 materias de diciembre a marzo. Y cosas por el estilo.

Esa falta de rigor en los estudios secundarios va de la mano del hábito de la bebida cuando no de la droga -¿cómo se salvará a estos chicos del derrumbe total?. ¿Quiénes piensan con una visión de mediano o largo plazo?-. Los políticos enfrentados y entusiasmados en el año electoral no ven estos problemas. Nadie toma las riendas para programar importantes campañas públicas en torno de los adolescentes.

Por ejemplo, se sabe de los estragos que está causando el "paco" pero no de disposiciones de las fuerzas de seguridad para apresar a sus fabricantes y vendedores.

Hoy menos que nunca cabe la frase "los argentinos somos así". Por el contrario, hay que dejar de ser así para comprometerse con una realidad social que se está deteriorando la comunidad.