Según adelantó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el Gobierno nacional está considerando la instrumentación de una compensación para el engorde de vacunos, de manera de impulsar la cría y obtener mayor nivel exportador de carnes.

La medida es trascendente, aunque tardía, porque busca revertir una de crisis potenciada por el conflicto agropecuario, que llevará a importar carne a partir del año próximo. Un estudio de la Federación Agraria Argentina, traza un panorama alarmante: La producción de carne caerá hasta un 15% hasta al año venidero, de manera que el volumen del stock manejable se retrotraería a valores cercanos a los de 1998, y de darse la caída total estimada, la existencia total sería la más baja de los últimos 45 años.

En el mercado interno, los números indican que de mantenerse el consumo per cápita anual de los argentinos, el mayor del mundo, con unos 69 kilos por habitante, y teniendo en cuenta que nuestro país podría retroceder al mismo stock ganadero que disponía en los años 60, la situación podría ser muy difícil. Hay que recordar que en aquella época con esa existencia se atendía la demanda de 25 millones de argentinos, en contraste con los más de 40 millones actuales. Por ello, no sería extraño que el consumo interno se viera seriamente afectado y que los principales cortes alcanzaran precios totalmente alejados del presupuesto familiar.

Queda por resolver el tema de la oferta exportable, que no es fácil aumentarla de un momento a otro. La presidenta expresó, el jueves último, que "estamos trabajando para lograr 1000 toneladas más en la cuota Hilton" para el año próximo, tras anunciar nuevos criterios para el reparto de ese cupo entre los productores y exportadores. La ministra de Producción, Débora Giorgi, destacó que en la última campaña (2008-2009) Argentina cumplió con el 99,9% de las 28.000 toneladas otorgadas por la Unión Europea, "el mayor nivel de cumplimiento de los últimos ocho años", dijo.

Claro, ese flujo exportador es consecuencia de una dinámica productiva que cayó como consecuencia del castigo sistemático, fiscal e intervencionista que sufre el campo, a los que se sumaron los efectos devastadores de última sequía. En este escenario cabe preguntarse cómo se pretende ampliar la cuota Hilton, que no se modifica desde hace 15 años, aún cuando es necesario.

Todavía los gobernantes no advierten que los ciclos del campo -en este caso para recomponer un stock de animales-, son diferentes a los de los tiempos políticos y tampoco están sujetos a los resultados de sacudones electorales.