La tendencia a la universalización del nivel secundario es mundial. Un desafío para las políticas es pensar en una escuela secundaria donde todos sean bienvenidos, un espacio donde puedan encontrarse con el otro y con ellos mismos, aprender a desarrollarse, ejercer sus derechos ciudadanos.

Hay algunos políticos cuyas propuestas ubican a la educación en tercer lugar de importancia: Primero seguridad, segundo salud, y tercero, educación.

¿Pensemos distinto? Muchos países salieron de sus crisis económicas priorizando la educación. Tomo la escuela secundaria, por ser la más notoria como institución de la modernidad en su crisis, no por ello, niego que todo el sistema educativo lo esté. Es necesario miradas y acciones integradoras para sus cambios. El impacto de las tecnologías de la información y comunicación, el resurgimiento de nuevos agentes formadores fuera de la familia y la escuela, los procesos de exclusión económica y social han descolocado a los educadores formados, todavía en los paradigmas de la escuela moderna. Mientras muchos se sienten abatidos por el panorama, otros, hacen frente a la situación, con una nueva actitud. Afortunadamente cada vez son más los docentes investigadores, que dejan a un lado inútiles certezas y asumen una posición desde donde observan, preguntan, imaginan y actúan. Así también, profesionales que van encontrándose unos a otros en la búsqueda de alternativas que doten de nuevos sentidos a sus prácticas. Es prioritario que las reformas en el sistema educativo den respuestas a los desafíos actuales como inclusión y calidad educativa. Un cierto clima de melancolía suele acompañar la vida en las aulas de la escuela secundaria. Languidecer en las aulas, es una experiencia extendida en jóvenes y profesores, presentando aristas particulares de dolor por lo que la escuela ya no es.

La frontera que separa a la escuela secundaria del mundo contemporáneo, la transición ambigua y festiva a la vez, que atraviesa los jóvenes para dejar de ser niños. Están los adolescentes que tienen la oportunidad de cursar la secundaria y quedan afuera, y los que de adentro no encuentran sentido.

"La ausencia de cambios profundos que acompañan al proceso de expansión es una de las principales causas de la crisis actual, sobre lo que convergen todos los diagnósticos” (Tudesco 2014) En el contexto de esta crisis crecieron los índices de fracaso escolar, abandono y repitencia, generando nuevos fenómenos como permanecer en la escuela sin garantías de aprender. El desencuentro entre escuela y cultura contemporánea, la vigencia de un ideal de alumno que ya no guarda relación alguna con la realidad, el vacío académico, la falta de herramientas pedagógicas para atender la diversidad del proceso educativo, son algunas de las condiciones intrínsecas a la escuela, que generan una oferta de baja calidad, inequidad, desinterés y abandono.

La sociedad del conocimiento propone relaciones más fluidas entre escuela y el mundo, lo que implica la construcción de una escuela abierta, conectada con su entorno social y cultural, capaz de innovar.

El tiempo, espacio, los recursos didácticos, las normas, los contenidos, las formas de enseñanza, los procesos y los resultados, la formación de los docentes, son algunos de los elementos que necesitan repensar de manera conjunta , toda la sociedad. Mirar la escuela en su integridad, es una tarea central en la gestión. Ese "mundo” es intransferible. Desde allí, se comprenden las complejidades de la vida institucional y se pulsan sus tensiones. Hace poco la Universidad de Buenos Aires (UBA) propone realizar talleres optativos de lectura y escritura para los alumnos que llegan a este nivel con los mínimos conocimientos. Se suma aún la imposibilidad de leer un texto de manera descorrida y comprenderlo. Aún proponen incluir en estos talleres a los alumnos del último año del secundario. Los mundos culturales que separan hoy los profesores y alumnos parecen irreconciliables, especialmente, los jóvenes parecen no querer integrarse a los lenguajes y a ciertos valores que caracterizan la cultura adulta. La vocación docente no es otra cosa que una inclinación amorosa hacia las nuevas generaciones y una opción decidida por la transmisión del conocimiento. La escuela debe transmitir aquellos conocimientos designados como significativos y valiosos. Pero no se niega que la educación pasa por políticas que pueden favorecer u obstaculizar las construcciones de nuevas identidades escolares.

La escuela debe reinventarse bajo nuevas formas más saludables, equitativas y, sobre todo, más cercanas a la vitalidad y la alegría que produce educar a las nuevas generaciones.