El papa Francisco nos hizo entrega hace dos meses de un regalo exquisito: la encíclica "Laudato Si” ("Alabado seas mi Señor”) que trata el urgente tema de la ecología. Consta de 6 capítulos y la óptica novedosa es abordar la cuestión ecológica en la estrecha relación entre la pobreza, la fragilidad el planeta y la globalización.

Escuchamos el grito de la tierra herida. "En la actualidad, la quema cada vez más acelerada de los combustibles fósiles que alimentan la economía alteran el delicado equilibrio ecológico de la Tierra en una escala casi insondable”, dijo el cardenal Peter Turkson, de Ghana, miembro del círculo de consultas del Papa.

La tierra es una hermana y madre. "Esta hermana protesta por el daño que le hacemos por el uso irresponsable y el abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella”.

Es indispensable un consenso mundial que lleve, entre otras iniciativas, a desarrollar formas renovables y poco contaminantes de energía, a programar una agricultura sostenible y diversificada (la India ha crecido en esto más que nadie, de la mano del Nobel Norman Borlaug, ministro de agricultura), promover una gestión más adecuada de los recursos forestales y marítimos, asegurar el acceso al agua potable (desde 1990, más de 2 mil millones de personas obtuvieron acceso a agua potable básica y 116 países alcanzaron la meta que propone la FAO, pero más de 700 millones de personas aún permanecen sin acceso a fuentes mejoradas de agua potable, casi la mitad habita en la castigada Africa subsahariana). Hay que tener en cuenta que en el siglo XX, el uso del agua aumentó en más del doble de la tasa de crecimiento demográfico, por tanto zonas enteras del planeta se verán afectada aún más por la escasez. La agricultura es el mayor usuario del agua, representando casi un 70 % de las extracciones del agua.

En el capítulo 2º, el Papa trata el "Evangelio de la creación”. La luz de la fe, que no se opone la luz de la razón, da su contribución, en orden a sumar energías en tan delicado problema. El mandato bíblico de "dominar la tierra” aclara el Papa no nos hace señores que ultrajan. Creernos "dueños absolutos” es falso. El Judeo-cristianismo desmitificó la naturaleza, volviendo la mirada hacia algo no divino "per se” y capaz de rendir sus mejores frutos.

En el siguiente capítulo se trata del paradigma tecnocrático. El bien y la verdad no brotan en sí del poder tecnológico, responsable de tantos logros. Depende del uso. Si no, miremos la tecnología que adquirió el nazismo y lo que hizo con ello.

En el capítulo 4º se trata de la ecología social y ambiental. Sobre esta base, Francisco propone una serie de líneas de renovación de la política internacional, nacional y local, de los procesos de decisión en el ámbito público y de iniciativa privada, de la relación entre política y economía y entre religiones y ciencias basadas en un honesto diálogo. Esto lo trata en el capítulo quinto.

Todo cambio necesita motivaciones y un camino educativo. Diríamos, necesitamos casi una revolución cultural.

Sin duda se necesita un cambio en el modo de relacionarnos con el ecosistema. Pecados ecológicos que cometemos a diario y se los dejamos como herencia negativa a nuestros hijos. La creación es un regalo de Dios y si la destruimos, ella también nos destruirá a nosotros.

Encuentro en este valioso documento un eje temático que retorna: la íntima relación existente entre pobres – ecología. Un mundo devastado, sin bosques, con aguas sucias, es un plus de vulnerabilidad para los más pobres. Menos recursos naturales y más dispendio, significan menos oportunidades laborables y más pobreza.

Hay decisiones urgentes que no puede esperar. Y salir de la espiral de autodestrucción en la que estamos sumergidos. Pero ello no impide que como dice Francisco, cada uno se anime a "convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo, y así reconocer cuál es la contribución que cada uno puede aportar”.

Es difícil saber a ciencia cierta cuál será la influencia concreta de la encíclica. Se especula que la carta es el primer paso. Seguro que en lo pedagógico, ha dado ya resultados positivos. En dos meses más, el Papa dará un discurso en las Naciones Unidas y en el mismo viaje hablará ante el Congreso de los EEUU, donde los republicanos se resisten a las iniciativas de Barack Obama para reducir las emisiones de carbono. Otra batalla será en París a fines de noviembre en la Cumbre Climática (objetivo: consenso para limitar el aumento de la temperatura global en menos de 2 grados, reduciendo los contaminantes a partir de 2020).

Pero la influencia ha de estar en cada uno. La ecología bien entendida empieza por casa!.

(*) Vicerrector de la Universidad Católica de Cuyo.