El jefe de Gabinete desestimó ayer que exista un clima social "enrarecido" como consecuencia de los últimos acontecimientos que han alterado la convivencia racional de los argentinos. Según declaraciones radiales de Aníbal Fernández, los cortes de rutas y las protestas "ha habido en todo momento" y aludiendo a los escraches violentos contra políticos opositores, justificó que también varios dirigentes kirchneristas sufrieron idénticas agresiones. El funcionario insistió también en que en ningún caso hubo detenciones porque las autoridades no van a criminalizar este tipo de expresiones populares.

Sin embargo, hay muchas evidencias del estado de crispación social que se vive en la Argentina, tanto por la inseguridad crónica que afecta a personas y bienes, como también por situaciones que tienen origen en el seno del poder, en forma directa o consentida, aunque se intenten minimizar calificándolas de normales.

Deben existir elementos, desconocidos para la mayoría de la ciudadanía, en virtud de la denuncia presentadas por políticos de la oposición acusando al Gobierno nacional de financiar a la dirigente jujeña Milagro Sala y al grupo piquetero Tupac Amaru, al que definió como "una organización mafiosa vinculada hasta con la droga" y también a la agrupación Quebracho de amplia acción subversiva. Según Morales, el senador denunciante, ese grupo ejerce el terror sobre dirigentes políticos jujeños con el objetivo de ampliar una red de negocios que iría más allá de la construcción de viviendas populares.

Al fundamentar un pedido al Poder Ejecutivo para que informe sobre la financiación -100 millones de pesos mensuales- otorgada al grupo calificado como una organización marginal, hasta el propio oficialismo parlamentario cambió su postura y apoyó las exigencias del legislador. Las pruebas deben ser lapidarias.

Como señala la Iglesia, la violencia ha reemplazado a la cultura del diálogo, del encuentro y de la búsqueda de consensos. Si la situación social tiende a entrar en ebullición, es porque existe un grave deterioro político aprovechado por infiltrados que buscan el caos y la degradación institucional.