¿Quién eres, poeta? Eres aquel capaz de mirar al pueblo desde la intimidad, "porque lo primero es ser humano y lo segundo es, ser poeta". Esta humanidad, fue también cultivada por el escritor uruguayo Eduardo Galeano, quien falleció recientemente a los 74 años, dejando una gran huella en las fuentes subterráneas del poder de las mismas "Venas abiertas de América Latina", en la colonización y al saqueo. Y, también, cultivada por muchos escritores ocultos que día a día, la enriquecen en anonimato. El "Centro de Escritores Ingeniero César Cipolletti" por ejemplo, resulta un fiel testigo al reunirse todos los sábados, para cobijar en palabras de juventud, al añejo rincón rionegrino sureño en los andenes. Así, como tantos otros, que a lo largo y a lo ancho del país no dejan de reunirse como voz de alarma ante las venas abiertas que ofuscan nuestra mente; aquí en las bardas, la misma rima florece casi como un canto popular para celebrar litúrgicamente el aliento anímico espiritual que deja el hondo apostolado de las letras y la poesía. Es que la fatalidad metafísica apura el resurgir de relatos, narraciones, crónicas, historias, novelas y poesías.
"Relatos", micro narrados por el escritor Pablo Lautaro por ejemplo, nos inunda de la verdad más increíble de aquella palabra que es capaz de engendrar, como las mismas poesías de Abraham Gabal, Marta Vallejos, Magdalena, Carmen, Lucía y otros tantos amigos del alma, que no me atrevo a nombrar. En cambio, la rica narrativa de Pascual Marrazo o Schenfelt, por ejemplo, desenmascaran verdades que alertan del error. Así, como el poeta lírico Buenaventura Luna y los pastores del tiempo nos hacían volar al vallecito de Huaco en tonadas sanjuaninas, así también la poesía nos nutre con su belleza en estrellas, que desnudan lo subyacente en nuestras venas desérticas del "Valle Frutal". No te vallas poeta, que retorne la lindura en tanta fealdad, ándale y ándale, y entona la verdad, con tu prosear. Por lo tanto, deberíamos preguntarnos sobre el rol del poeta o de la poesía en nuestro tiempo, en incertidumbres.
Pero, ¿quién eres, poeta? Eres aquel capaz de cultivar la palabra haciendo sentir la proeza de un "Tamerlán con sus hunos"; aquél que es capaz de hacer delirar a los hombres, hacerlos parir de horror o de amor, enemistarlos, amigarlos, o hacerlos estallar por los aires en gritos de angustia y felicidad por todos lados.
¿Quién eres, poeta? Eres el "Vollmaschtbrief zum Glucke" de Kierkegaard, (el crédito hacia la felicidad). Eres aquel capaz de acunar al amor como el título más prioritario en la vida. Ese templo viviente lejos de la prescripción científica o de títulos académicos, que nos embrutecen. Aquel ingeniero de sabiduría capaz de sacarnos del error o de la ignorancia mecanicista. Eres el instigador de los sueños profundos. Hacedor de cantores. Aquel palpador de la prueba inloable de la inmortalidad del alma. Eres el arquitecto de la palabra política, frente a aquellos que creen que por repetir unas rimas de memoria, tienen la opinión irrefutable.
Pero, dime: ¿Quién eres, poeta? Eres aquel al que se le pueden decir como atenuantes las palabras de Borges, Schopenhauer, Shakespeare o Baggesen sobre el poeta Kildevalle: "Si llega a ser inmortal, entonces todos lo seremos". Eres el "Fausto" de nuestro tiempo, o aquel individuo que pretende salvar lo general, por su misterio y su silencio. Eres el filósofo que oye la voz de la carne por experiencia. Aquel hombre misterioso entre los hombres, capaz de elevarnos del dudar por el dudar, o de aquel disfraz de los "Munchhausen", o de la ignorancia. El que no puede detener el huracán que es capaz de provocar, que no conoce el pedestal de los premios y que en silencio calla. El que rumea la duda en su mente "como la misma joven que es capaz de ocultar en su seno el fruto de su amor culpable".
¡Sí!, te nombro con énfasis una vez más: ¿Quién eres, poeta? El perseverante suspicaz más preocupado por el plan de la alegría, que el alimento del cuerpo, palpando lo divino. Aquel espíritu saturado capaz de aguantar lo magro prudentemente en sus versos, y que es preferible mil veces, a esas arteras venas maliciosas en abundancia, que con intereses mezquinos aprueban todo en sus discursos, intentando maquillar la duda en bellas mentiras para el aplauso, pero sin conocerlas, ni vivirlas.
Pero, repito, ¿quién eres realmente, poeta? En las palabras del maestro Atahualpa Yupanqui: "A ti que te dicen poeta, mira a los mineros, a los hombres en el trigal, y cántale a los que luchan, por un pedazo de pan".
