Considerado el más prestigioso docente y formador de directores corales de la Argentina, los coros de la Universidad Católica de Cuyo y de Cámara Arturo Beruti -dirigidos por María Elina Mayorga- rendirán tributo al Maestro Antonio María Russo. Será el próximo domingo, Día Internacional del Canto Coral (a las 21.30 en el Auditorio Juan Victoria,entrada libre) cuando discípulos y admiradores reconocerán su trayectoria, que incluye más de 15 años en San Juan. Antes, DIARIO DE CUYO dialogó con este "trabajador incansable de la música’, como se define.
– Vine de Italia a los 17 años. Sufrimos lo peor de la Segunda Guerra Mundial, entonces mi padre decidió emigrar primero y a los pocos años de la década del "50 nos trajo a todos nosotros. Fue un tiempo muy difícil, no había trabajo, no había porvenir…
– Me metí en mi profesión intensamente a los 25 años cuando gané un concurso en la cátedra de dirección coral en el conservatorio de La Plata. Entré como profesor en el Colegio de Música de Bs As y después tomé en el coro de la Asociación Wagneriana que dirigí durante unos 23 años con muchos estrenos en el Teatro Colón. Seguí como profesor en varios conservatorios y director de orquesta desde 1965.
– Tuve muy buenos maestros que también huyeron de la Segunda Guerra Mundial. Erwin Leuchter, Ernesto Epstein, Roberto Kinsky… Ellos me dejaron una instrucción sólida y arraigada.
– Creo que hay que tener una fuerte postura ética frente al arte. No al facilismo, no al aplausómetro. Todo es fruto de un profundo estudio y un claro norte que se debe fijar para llegar. Y tomar al arte como el máximo de posibilidad de crecimiento humano. Busco lo mejor del ser humano siempre.
– La espectacularidad me horroriza. Me parece maravilloso una buena obra de arte bien realizada, que comprenda un profundo y serio trabajo.
– Enseño la mayor cantidad de manifestaciones artísticas posibles a mis alumnos, independientemente de lo que yo prefiera.
– Exacto. Hay una tendencia contemporánea a mentalizar mucho las obras y yo necesito que haya mente y corazón, inteligencia y afectos. Si carece alguno de ellos, la cosa no funciona.
– No son tantas. Siempre me manejé entre ser intérprete, que es lo que me trae dinero, y compositor, que es donde lo gasto. Gano como intérprete lo que gasto como compositor.
– Hablando de compositores, ¿hay una nueva generación, con nuevas obras?
– Hay de todo, obras buenas, no tan buenas y otras impresentables. Jóvenes hay unos cuantos buenos. Pero destaco a Gerardo Gandini y a Roberto Camaño. Ambos fallecieron, pero fueron dos compositores de altísimo nivel, ni hablar de Alberto Ginastera.
– ¿Estas figuras cultivaron una identidad nacional?
– ¿Cuál es la identidad nacional argentina? Esa es la pregunta que nos hacemos todos. Lo rico que tiene Argentina es la diversidad, justamente aquí convivimos todos. El argentino es ecléctico, esa es su característica. En pintura, arquitectura, música, escultura, etc. Yo disfruto de esa diversidad absolutamente.
– Hay altibajos, como en todo, pero un buen nivel y una gran movida por parte de María Elina Mayorga. Ella proyectó a San Juan como uno de los mejores centros corales del mundo. Eso, combinado con el Auditorio Victoria que es admirable y único en el país.
– El Auditorio es un verdadero tesoro que quiero mucho. Ahí me siento inmerso en la sonoridad.
– La honestidad para consigo mismo, en un mundo muy prostituido. Si bien no es mi lenguaje, por ejemplo respeto y admiro a Carlos Guastavino como referente, él siempre fue sincero y honesto. Puede gustar o no, pero ante seres así, "chapeaux’, me saco el sombrero.
