El pensador Foucault hacia decir a Descartes que si el cogito o el razonamiento no es loco, el hombre puede estarlo. Decía que en Descartes la locura estaba incluida en el pensar como algo interno. Es decir, que el mismo pensamiento actual orienta a un fin del mundo casi apocalíptico, cuando se presenta pobre, vacío y desorientado al devenir cotidiano. Ya Deleuze, tiempo atrás, anunciaba que "’vendría una fábrica de crear miserables o la llegada de un mundo unidimensional sin cultura y sin alma, sometido a las leyes del mercado y a la política de las cosas”. Y, pareciera que no se equivocó, porque el hombre actual corre como un loco, atrás de los proyectos delirantes que pregonan las leyes racionalistas del capitalismo salvaje. No sabemos convivir.

Oportunamente, Sartre en 1945, en su conferencia pública del "’El existencialismo es un humanismo”, difundía su teoría de la libertad del "’Ser y la nada”. Y, también en sus cartas sobre el humanismo, acusado de compromiso nazi, Heidegger pregonaba una nueva visión del hombre moderno, por la llegada técnica y las ilusiones del progreso.

En tanto, Foucault con sus limitaciones humanas fue acusado de un humanismo particular, en el mismo debate que tuvo a Sartre y Heidegger. Aunque, el pensamiento foucultiano volcado mas a rever la influencia de Marx y Freud, polemizaba con la civilización más avanzada de Europa, que había creado los campos de concentración. Ello significaba que lo inhumano o la muerte, yacía en el corazón mismo del hombre. En este sentido, Levi-Strauss decía que "’al aislar al hombre del resto de la creación, se lo privó de una zona de protección”. A partir de este momento el hombre no conoce un límite a su poder, que termina por destruirse a sí mismo.

Foucault desplegaba la idea en "’Las palabra y las cosas”, del destino humano como un mundo donde el hombre, por el avance de las ciencias biológicas, se había vuelto objeto de conocimiento y asesino de sí mismo. Era el intelectual que inventaba un pensamiento crítico que fuese capaz de analizar los mecanismos de poder que actúan sobre las sociedades industriales. Es decir, que al seguir el modelo de las ciencias biológicas, las ciencias humanas corrían el riesgo de reducir al hombre a un objeto que podía ser destruido.

Para redondear, actualmente el mundo se debate en una "’Filosofía Racionalista” y otra de "’Filosofía Existencial”. La primera constituye una cierta deshumanización, si solo se la considera como instrumento para construir poder en la economía de mercado. La erudición debería estar al servicio del hombre, y no como herramienta para someterlo, destruirlo o confundirlo. Creo en las buenas intenciones de las personas. Pero, tampoco se puede estar reviendo todo, porque es así como se construye poder y se trabaja sobre la conciencia de las personas. Piénsese, si en la política actual, se discutirían todas las definiciones, ya sea en lo que entendemos por "’consumismo” o "’asistencialismo” por dar un ejemplo, nos detendríamos tanto en cuestiones de fondo innecesarias, que no gastaríamos energía en inventar políticas necesarias. El hombre de hoy se volvió tan racionalista, que con títulos bajo el brazo va camino a la misma "’estupidez mentirosa de las cosas”. Este pensamiento racional constructivista-relativista e individualista es "’la fábrica de crear miserables”, tan ideologizado y definicioncista. Las universidades deberían salir a las calles, la política a los barrios y los funcionarios deberían ganar igual que lo que gana cualquier trabajador. Desterrando esta visión de bio-poder elitista, se podría discutir en serio, para no ser ilusos que discuten cosas sin sentido, con una irracionalidad justificable para todo lo injustificable.

Con respecto a la segunda, es la que más se necesita. Jóvenes destruidos, entendieron que la razón viciada, es vacía y destructiva. Ante la irracionalidad que nos enceguece, la única forma es la de construir un poder ético en la capacidad de nosotros mismos. La realidad actual parece ser de Deleuze, en tanto se siga en la instauración de un fascismo ordinario, pero no el histórico de Mussolini o Hitler, sino el fascismo que está en nosotros mismos, que habita nuestras mentes y nuestras conductas. Este fascismo que nos hace amar al poder, o en desear hacer mal, aquello de fondo que nos daña y nos explota.

(*) Periodista, filósofo y escritor.