Que en el mercado falte una plancha, una heladera y hasta la tinta para imprimir de tal o cuál marca importada -entre otros insumos y productos que por estos días no están en stock- queda minimizado, al menos humanamente hablando, respecto de aquellos que requieren un medicamento específico para retrasar síntomas, aliviar dolores e inclusive curarse. La mayoría de estos pacientes con tratamientos de por vida dice, contradiciendo lo que opinan muchos médicos y farmacéuticos, que para ellos es imposible reemplazarlos por otros, aunque tengan las mismas fórmulas químicas. Aducen que son víctimas, además de la enfermedad de base que los aqueja, de otros problemas secundarios como alergias, vómitos, presión arterial, descomposturas estomacales y lo que es peor aún, de una inacción terapéutica si es que llegan a cambiar esa pastilla o esa gota que consideran "sanadora”.
Aunque distintas voces sostienen que no faltan medicamentos en el país, sino que lo que escasean son las marcas comerciales producidas en el exterior; hay sanjuaninos que los sufren "en carne propia.
A este punto llegaron por una decisión oficial a nivel nacional, desde que el 1¦ de febrero pasado se puso en vigencia la Resolución General N¦ 3252 de la Administración Federal de Ingresos Públicos que creó el sistema de Declaración Jurada Anticipada de Importación o "DJAI". Esta resolución establece la obligatoriedad para los importadores, de presentar documentación ante la AFIP en forma previa inclusive a hacer un pedido de productos en el exterior (sea el que fuere), la que puede ser rechazada o no por las autoridades. Bajo esta normativa funcionan la Secretaría de Comercio Interior, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) y el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA). En el aspecto formal, esta norma tiene una finalidad informativa, sin embargo, en la práctica, funciona como una restricción para el ingreso de productos del exterior.
La realidad de estos pacientes está plasmada a través de sus historias personales, contadas, a pedido de los mismos damnificados tan solo con sus nombres de pila (sin sus apellidos o mayores datos) para resguardar su intimidad y la relación profesional con médicos e inclusive con sus obras sociales.
Rivotril, una necesidad
Ni Adriana R. ni Celia M. pueden escuchar que se les proponga un sustituto para el Rivotril, la marca con que se comercializa la droga Clonazepam que con sus propiedades ansiolíticas y anticonvulsionantes actúa directamente en el sistema nervioso central. Ellas tienen sus razones.
Adriana hace más de 14 años que convive con la "famosa” crisis de pánico. Ha hecho tantos años terapia que ha logrado, "Rivotril mediante, a la mañana y a la tarde” como ella misma dice, casi que dominarla. Pero siempre está latente.
"No sé si es algo mío o qué pero yo siento que si cambio el Rivotril por otro medicamento, aunque tenga los mismos componentes, no me hace nada. He probado con otras marcas para la misma droga y siento como que estuviese diluido. Llega hasta a subirme la presión y eso no contribuye a mi estado”, cuenta la mujer.
"Uno toma remedios como una situación beneficiosa para el organismo. El Rivotril logra regularme los niveles de estrés. El drama es que me estoy terminando el último frasco de gotas que tengo y no consigo por ninguna farmacia. Por las dudas, encontré en pastillas y las compré para que no me falte ni un día”, dice.
Celia M. también es dependiente del mismo remedio desde que en 2009 y con tan solo 31 años, sufrió un accidente cerebro vascular que no sólo la dejó varios días en terapia intensiva, sino que la obligó a someterse a cientos de estudios para tratar de entender lo que había pasado a la parte derecha de su cuerpo paralizado. De a poco y con un combo de medicamentos fue superando satisfactoriamente todos los inconvenientes. Sin embargo, el tomar tantos remedios, tuvo como secuela una hipersensibilidad a los fármacos que la brotaron con urticaria de pies a cabeza.
"Yo no puedo tomar cualquier medicamento porque hice resistencia a los fármacos. La única alternativa es el Rivotril en mi caso porque mi cuerpo ya se acostumbró. La especialista que me atiende me ha explicado que inclusive el día que me embarace lo voy a tener que tomar y que no me puede faltar jamás para evitar convulsiones”, cuenta esta joven que a diario toma sus 32 gotas puntillosamente.
Hasta principios de año no tuvo problemas con conseguir esta medicación, sin embargo, en los meses posteriores, sus gotas empezaron a faltar en las góndolas. Esto la obliga, a ella y a su familia, incluidos sus suegros, a deambular por las farmacias para conseguir un frasco. Inclusive se anota -aunque sabe que quizás sea perder el tiempo- en listas de espera del producto. "En algún momento pensé en irme a Chile para comprar las gotas pero eso es imposible porque tengo sí o sí que presentar receta archivada de un profesional de ese país. O sea que me tendrían que atender allí, lo que representaría un costo enorme para alguien que necesita un frasco de Rivotril cada 15 días. Aparte no sé si podría pasarlo por la Aduana”, asegura.
Tres cambios seguidos
Don Domingo R., a sus 84 años y con demencia senil y Parkinson, no es conciente que en los últimos cuatro meses cambió en tres oportunidades de pastillas, todas con la misma base farmacológica pero bajo distintos nombres de fantasía.
"No alcanzamos a probar con un nombre comercial que deja de conseguirse y tenemos que probar con otro. El problema es que cada vez que hacemos un cambio es un trastorno comenzar de cero por su estado generalizado. La droga que nos falta es un tranquilizante que le permite dormir bien, descansar y disminuir la sobreexcitación que le provoca tener tantos recuerdos del pasado por la demencia senil. Esto no es todo, ahora, también está en falta un medicamento específico para el Parkinson que hace que se retrasen los síntomas”, relata preocupada la hija de este hombre.
Para la mujer, lo que ocurre es que se van acabando el stock e inclusive hay demoras en la reposición. "Si falta una, la gente busca otra marca y así. Uno debería poder comprar lo que necesita y no andar probando”, dice.
Entre los faltantes que más preocupa a la mujer también figuran los pañales descartables para adultos. "Por supuesto que hay marcas nacionales para reemplazarlos pero no son iguales ni tienen la misma calidad. Los que se consiguen son menos absorbentes entonces hay que controlarlo más seguido. Encima se rompen con facilidad y se despegan las cintas adhesivas”.
Insulinadependiente más que nunca
María del Cármen G. está obligada a medirse el azúcar al menos 3 veces al día porque ella tiene un tipo de diabetes lábil, esto es ni más ni menos que sus niveles de glucemia suben y bajan bruscamente. Como si fuera poco también está obligada a tomar "religiosamente” una insulina alemana que le regula estos cambios permanentes.
Eso le sucedía hasta hace unos meses porque ahora no consigue esa insulina importada y las cintas radioactivas para medir el nivel de azúcar escasean. Esto quiere decir que hay pero no en la cantidad suficiente que ella necesita.
"El mayor drama es que la insulina no entra al país y mi organismo está acostumbrado a ese tipo de medicación. Por ejemplo el médico me la cambió por otra pero me cae muy mal: me tira, estoy permanentemente cansada y agotada, siento que mi cuerpo no me responde como yo quisiera. Lo peor es que me causa una picazón insoportable y muy molesta. Ya no sé que hacer”, explica esta jubilada, enferma de una diabetes por cuestiones emotivas.
"El problema de las importaciones es muy grave. Escasean las cintas radioactivas que se han convertido en oro molido. También faltan agujas y hasta las famosas aspirinetas. Pensar que antes las daban de vuelto, hoy faltan”, agrega.
Reserva anticipada
Las manos de Soledad V. hace por lo menos 13 años que son el punto débil de una artritis reumatoidea. Para palear el dolor que le genera la enfermedad tuvo que soportar varios tratamientos. Si bien no tiene faltantes en la medicación que toma (la obra social se la entregan sin tener que pagar ni un peso) si tiene que avisar a la entidad que le da cobertura, con antelación antes que se le terminen las dosis. "Yo sigo un tratamiento tradicional con corticoides inyectables y antinflamatorios combinados con una droga nueva, que es de origen biológico, es decir que está preparada con compuestos humanos y sirve para retrasar el proceso degenerativo y a su vez, generar células que no estén enfermas. Este medicamento es original de Inglaterra y tengo entendido que cuesta $9.000 pesos cada una. Necesito una dosis por semana, todos los meses, y no me puede faltar porque si no, vuelve a foja cero el tratamiento. Hasta ahora me entregaron todas, pero para eso, tengo que avisar en la obra social cuando estoy por colocarme la tercer dosis para que empiecen a gestionarla con tiempo suficiente en las droguerías”, cuenta su realidad.
