A los 31 años, el medio de España y jugador del Liceo la Coruña de su país, no sólo se consagró campeón del mundo por tercera vez, sino que fue además el mejor jugador del certamen. Su habilidad, desequilibrio, rapidez para resolver, panorama para dar juego, remate penetrante, simpleza para hacer y deshacer fueron vitales para que España se coronara.
En la jornada del viernes fue clave para darle el pase a la final con el gol de oro ante Mozambique. Y un día después fue la estrella de la final con un gol maradoniano en el momento que Argentina buscaba descontar.
Un escalón más abajo concluyó su compañero Guillem Trabal, el guardametas que le brindó la seguridad al resto en base a su sexto Mundial jugado y el quinto título obtenido.
