“Las minas están llamadas a ejercer en la riqueza de Chile la más grande influencia, dan al comercio la más gruesa suma en la balanza, entre la importación y la exportación de productos”.
“La maquinaria, desconocida en el país, ha tenido en los trabajos que la elaboración de los metales requiere, una extensa e importante aplicación. Aparatos que facilitan y abrevian el trabajo, procedimientos químicos aplicados a la operación de desprender el metal de las partes terrosas que lo acompañan, todo ha sido puesto en práctica para la simplificación de las operaciones; son ventaja de la industria, economía de trabajo y capitales, y adquisición y acrecentamiento de la ciencia. Los capitales, el arte y la ciencia se darán la mano, siempre que los resultados correspondan a los intereses que el empresario compromete. El gobierno nada tiene que ver en esto”.
(Publicaciones periodísticas de Sarmiento en Chile. 1842)
“Los Estados americanos presentan el raro fenómeno, en nuestros días, de naciones que no poseen industria, que no pueden desarrollar fuerzas industriales. ¿Cuáles son las causas que desfavorecen la producción chilena en el mercado? Su obscuridad en el mundo comercial; en este punto como en tantos otros se necesita fama, no se adivinan las cosas, se muestran, se enseñan. En 1831 se descubrió en Copiapó un mineral de plata.
¿Acudió Chile entero a Copiapó? ¿Se despoblaron las costas del Pacífico atraídas por aquella riqueza? ¿Ocupáronse los diarios del mundo de esta codiciable novedad? No. En California se ha encontrado oro, y basta detener al primer gañán de Chile para preguntarle lo que sabe de California; lo sabe todo; sabe más que la verdad; cree en lo imposible, en lo fabuloso”.
(Publicación de Sarmiento en La Cró Cá, Valparaíso. 1849)
“Faltan, en provincia tan remota -por San Juan, apenas asumido como Gobernador-, los elementos necesarios para los trabajos, hombres profesionales y, más que todo, conciencia cierta del valor intrínseco de los metales, la composición química de ellos, el tratamiento que les conviene. El nombramiento de Rickard contribuiría a hacer conocer en Inglaterra los minerales sanjuaninos”.
(Carta a Eduardo Costa, ministro de Gobierno de Buenos Aires. 1862)
“Tal es la situación industrial en que el Gobierno ha encontrado a la provincia: un montón de ruinas, los capitales destruidos, el comercio paralizado por falta de un producto que le sirva de base, e imposibilitado por la obstrucción e inseguridad de los caminos. Millares de hombres han consumido sus pequeños capitales, permaneciendo dos años con los brazos cruzados, sin la esperanza siquiera de trabajar en ramo alguno de los conocidos.
Tal situación sería de desesperar, si la naturaleza no ofreciera un camino nuevo por donde salir de este estancamiento: las minas”.
“(Se) requiere la inversión de fuertes capitales para la fundición y amalgamación, combinadas y separadas, y el minero en vano sacaría de las entrañas de la tierra minerales de reconocido valor, si no hay preparados establecimientos que los reduzcan a metales. El Gobierno se propone, por la publicidad de los datos, por sus relaciones con capitalistas de otros puntos y aún con hombres científicos, provocar una asociación para crear establecimientos con un fuerte capital, que hagan fácil y expedita la explotación de las minas”.
(Mensaje a la Legislatura de San Juan. 1862)
“Las minas son una realidad, como California. ¡Qué hiciera para pasar esta convicción a todos los de afuera! En un año exportaríamos barras por dos millones de duros… para realizar estas tareas necesitaría unos pobres cuatro millones de papel”.
“Ayúdeme en las minas y enriquezco a la República”.
“Espero con las minas crear una política industrial y sana, reparadora y fecunda en riqueza, que es lo que falta al interior.
Ayúdeme en esto, y habrá satisfecho mi ambición que es tener poder para crear, transformar, y realizar”.
(Cartas al presidente Bartolomé Mitre. 1862)
“El Gobierno ha tomado interés muy vivo en el desarrollo de esta industria, que ofrece transformar las otras, y llevar al país al grado de prosperidad. Mucho se ha andado a este respecto, aunque todavía diste mucho para llegar a resultados positivos. Se ha constituido definitivamente la Sociedad de Minas, con el capital cuya mitad está ya invertida en Inglaterra, en máquinas y materiales de construcción para hornos; y en Calingasta, en el establecimiento que se prepara para su instalación. Las dificultades mantienen a esta industria en una penosa infancia: falta de práctica, de organización en compañías de minas y responsabilidad de los socios”.
(Mensaje a la Legislatura de San Juan. 1863)
“Un millón de pesos ingleses está ya comprometido en las minas de San Juan y, (…) conocida la extensión del país metalífero, otros millones lo seguirán, y tras ellos ingenieros, máquinas y las industrias auxiliares y accesorias”.
“Las minas son hoy el fuego que conduce a los pueblos al desierto para poblarlo; y como requieren inteligencia, civilizan a la par que pueblan, como pide máquinas y dan productos pesados y valiosos, señalan la dirección de los ferrocarriles y del comercio”.
(Comentarios sobre el informe de Rickard. 1869)
