Tras diez años de guerra en Afganistán, que han costado miles de muertos y miles de millones de dólares, las tropas internacionales empiezan a retirarse sin haber conseguido derrotar a los talibanes y en un país sumido en la confusión. Ese es el panorama al cumplirse hoy el décimo aniversario del inicio de la ofensiva de EEUU contra el régimen talibán por ofrecer santuario a Osama Bin Laden en su campaña terrorista contra Occidente que desembocó en los ataques del 11-S.
Los talibanes fueron desalojados rápidamente del poder, pero una década después Afganistán vive uno de los momentos más violentos.
Hasta ahora, el conflicto ha ocasionado, según un reciente informe de la universidad estadounidense de Brown, entre 34.000 y 46.000 muertos -extranjeros y afganos-, entre ellos hasta 14.000 civiles.
Y el primer semestre de este año, con casi 1.500 muertos, fue uno de los períodos más cruentos para la población civil afgana desde el inicio de la contienda.
“No se puede matar a tiros a un mosquito escondido tras un elefante”, afirma el ex militar y antiguo miembro del Ejecutivo, Abdul Hadi, que denuncia que la actual estrategia es errónea.
“Afganistán necesita una guerra de inteligencia”, dijo el ex viceministro de Interior, que afirma que la prioridad es encontrar a un enemigo que se esconde entre la población civil, “algo imposible de hacer sólo con policías y soldados”. “Los talibanes no quieren la paz”, afirmó.
El inicio de la retirada de los cerca de 130.000 militares extranjeros desplegados en el país, que concluirá en 2014, se hizo en paralelo al comienzo del traspaso de las responsabilidades de seguridad de la OTAN a las fuerzas afganas. Sin embargo los cerca de 300.000 soldados y policías afganos no parecen suficientes para frenar a algunas decenas de miles de talibanes que, además, parecen haber cambiado de estrategia y optan por ataques espectaculares y golpes a altos cargos oficiales.
Incluso la capital, la ciudad más blindada de Afganistán, ha sufrido en los últimos meses serios ataques, como el asesinato del ex presidente y mediador Burhanudín Rabbani, un duro revés para la estrategia del presidente Hamid Karzai.
Estos diez años sin los talibanes en el poder han traído algunas mejoras al país en ámbitos como la educación, la salud o los derechos de las mujeres, pero son avances que no se han consolidado y muchos afganos temen que haya una marcha atrás.
Para Nafisa Afzal, maestra de escuela en Kabul y madre de tres hijas, las últimas muestras de fortaleza de los seguidores del mulá Omar “son una señal de que pueden volver al poder” y acabar con sus “esperanzas de una educación libre” para sus hijas.
Según escribía hace unas semanas en The New York Times el parlamentario británico y buen conocedor del Afganistán Rory Stewart, “el fracaso (en la guerra afgana) se ha convertido en inconcebible, invisible e inevitable”.
