En 1950 el Ejército norcoreano invadió el Sur estallando así un conflicto que duró hasta 1953, año en el que se firmó un armisticio, pero no la paz. Ahora, el nuevo líder de la dictadura eremita, Kim Jong-un, ha declarado inválido el acuerdo que suspendió la contienda, y ha recordado que su país sigue en guerra con el Sur y con los Estados Unidos.
Al Norte de la península coreana se ubica el Estado más aislado del mundo, dirigido por un régimen despiadado que ha erigido a los Kim en la primera dinastía comunista del mundo, mucho más cerrada y personalista que la Cuba de los Castro.
Por el contrario, al Sur se levanta una de las naciones más industrializadas y prósperas de Asia. Mientras los 50 millones de surcoreanos disfrutan de internet de alta velocidad y todo tipo de aparatos digitales y modernismo y confort, los 23 millones de norcoreanos malviven con cartillas de racionamiento y la electricidad restringida a unas pocas horas del día. En medio de la absoluta normalidad que reina en Seúl, con sus habituales atascos y abarrotados mercados callejeros, Corea del Sur prepara sus defensas contra los dos misiles de medio alcance, y no sólo uno como se suponía en un principio, que el régimen de Kim Jong-un ha desplegado en la costa oriental de su país desde que comenzaron las amenazas de agresión.
El régimen estalinista de Pyongyang transportó al litoral oriental los misiles denominados Musudan con capacidad para recorrer entre 3.000 y 4.000 kilómetros, lo que en teoría pone a tiro a Corea del Sur, Japón y la base estadounidense de Guam, en el Pacífico. Se trata de artefactos sobre sendas plataformas de lanzamiento móviles, que podría dispararlos en cualquier momento, aunque lo más probable es que su lanzamiento sea un ensayo balístico, como ha hecho Pyongyang en ocasiones anteriores desobedeciendo las resoluciones de la ONU.
Estas amenazas diarias desde el mes pasado elevaron la tensión con Corea del Sur y EEUU, por lo que en su reciente entrevista con el Papa, el secretario general de la ONU, el surcoreano Ban Ki-moon advirtió que la situación en la península coreana puede llegar a ser "incontrolable”. Es de esperar que la actual crisis no acabe derivando en un conflicto armado porque la guerra es siempre una derrota para la humanidad y no sólo para las partes en conflicto.
