La identidad de una nación está dada por la escala de valores que ha construido a lo largo de la historia. Los valores que favorecen al ser humano forman parte de la cultura de la vida. Estos valores se enseñan y se van transmitiendo de generación en generación. Es aquí donde la educación familiar, escolar y social juegan un papel fundamental. Educar es hacer crecer las conciencias en orden a la cultura de la vida.
¿Qué es la conciencia? Es el núcleo secreto. El sagrario donde el hombre se encuentra a solas con Dios.
Esta conciencia se puede deformar si en ella no alojamos a Dios. Por ejemplo si mis parámetros están en función de un grupo mafioso mi conciencia nunca traicionará a la mafia de la que formo parte pero podrá traicionar a los seres humanos que están fuera de ella. Si mis parámetros del bien se reducen a mi familia, respetaré a mi mujer, hijos, padre, madre, hermanos, pero podré hacer desastres fuera de ella. Si mi parámetro es "mi nación" podré ser un gran patriota; guerrearé y atacaré a los países que se opongan a los objetivos de mi patria.
Son formas de conciencia reducida o deformaciones de la conciencia. La conciencia que tiene en su interior el verdadero rostro de Dios es aquella que respeta a todo ser humano y se ubica en el lugar que le toca. No más arriba ni más abajo. Las deformaciones de la conciencia pueden surgir por los aprendizajes familiares. Por ejemplo, si un padre le dice a su hijo que vaya a la calle y busque mujeres para pasar el rato, el joven irá a la calle con toda confianza porque la orden viene de su padre que tiene autoridad y el obedece con agrado la orden de alguien que lo ama.
La deformación será mayor si estas acciones la realizan los padres y los hijos las perciben así. Las principales deformaciones surgen cuando las enseñanzas vienen de personas que tienen autoridad sobre nosotros. La evangelización es la misión de elevar las conciencias y poner en ellas el verdadero rostro de Cristo que no hace acepción de personas. Que nadie se sienta seguro, porque ésta es una consigna que hay que llevar adelante todos los días. La conversión es permanente hasta la hora de la muerte. Dios ama infinitamente a todos por igual. Por lo tanto al menos debo respetar a todos por igual, empezando por mí y los que me rodean. Evitando el uso de privilegios en desmedro de otros, practicando con paciencia la pobreza evangélica, que no es lo mismo que la miseria, estando cerca de las personas que Dios nos ha confiado, haciendo un uso responsable de los dones recibidos por medio de la laboriosidad.
