Algunas historias que no han contado los más de 5.000 periodistas de 70 países que han viajado a cubrir el Mundial de Fútbol, y que antes de que se iniciara el torneo han escrito extensamente sobre el país:
Brasil es uno de los principales fabricantes de aviones del mundo. Su empresa Embraer es el líder mundial en la producción de aeronaves de pasajeros de tamaño mediano, y le vende aviones a American Airlines, United Airlines, Air France, Lufthansa y casi 80 otras aerolíneas. El instituto brasileño Embrapa es uno de los centros de investigación agrícola más importantes del mundo. Entre otras cosas, ha desarrollado una planta de soja adaptable a suelos ácidos que ha contribuido a que Brasil sea uno de los mayores exportadores de esa leguminosa.
Brasil lanzó el ambicioso programa "Startup Brasil”, que ofrece a nuevas empresas tecnológicas nacionales y extranjeras conocidas como "Startups”, unos U$S 100.000 de ayuda gubernamental, y oficinas gratuitas para crear un "Silicon Valley” brasileño, y ya se han postulado cientos de emprendedores tecnológicos estadounidenses y europeos. También Brasil inició su programa "Ciencia sin fronteras”, que enviará a 101.000 estudiantes universitarios a hacer estudios de posgrado y doctorados en universidades de EEUU y Europa. El programa, que ya produce 10.000 doctorados al año, tenga más especialistas entrenados en el extranjero, especialmente en ciencias e ingeniería.
Además, el Congreso brasileño aprobó el ambicioso Plan Nacional de Educación a largo plazo, para aumentar la inversión pública en educación hasta el 10% del PBI durante los próximos 10 años. En comparación, la mayoría de los países invierte el 4% o 5% de su PBI en esa área.
Es probable que estas y otras medidas ayuden a Brasil a convertirse en una formidable potencia tecnológica emergente. Pero, desafortunadamente, el gobierno ha hecho poco para promocionarlas durante el Mundial. Es cierto que es difícil para Dilma Rousseff proyectar una imagen de potencia tecnológica emergente cuando hay protestas en las calles, y cuando muchos estadios estaban sin terminar en momentos de iniciarse el torneo de fútbol.
Simon Anholt, un consultor británico que publica un ranking anual sobre la imagen de los países en el mundo, me dijo que Brasil tiene una imagen internacional buena, pero "blanda”. "’Brasil es un país considerado como decorativo, pero que no sirve para mucho”, me dijo Anholt. "’Eso es malo para el país porque limita su potencial económico”.
