Los restos fósiles, de los que se habla mucho en San Juan, al contar con lugares como Ischigualasto, la sierras de Zonda y Ullum y otros sitios, son una evidencia de que en otros tiempos, en esas zonas hubo bastante vegetación. Estos restos de fauna y flora nos hablan de que esos sitios no fueron desiertos en otras épocas, y que los climas cambian.
La mano del hombre fue la responsable, en nuestra provincia, de convertir el desierto en oasis. Supo conducir el agua generando vida a su paso, convirtiendo distintas zonas de páramos a lugares fértiles y productivos, para alimentar desde sus primeros habitantes aborígenes hasta las nuevas poblaciones que allí se asentaron.
Hay que tener en cuenta que los desiertos se sitúan en zonas con clima cálido y con vientos cálidos, originados por estar alejados del mar o junto a cadenas montañosas como la cordillera de los Andes, que no permite pasar la humedad del mar y las nubes quedándose a alturas, originando nevadas en la alta montaña que luego dan origen a los ríos y arroyos que riegan los valles poblados.
En estos desiertos se explotan además minerales que han promovido un proceso de población desde épocas aborígenes actividad llevada a cabo entre otras en la minas de Hualilán, donde extraían oro que luego lavaban en la Ciénaga lugar donde hay o habían testimonio de ello.
Según la publicación sobre Ciencias Biológicas de Santillana, ‘la flora actual de nuestra provincia tiene características de plantas del desierto, que almacenan líquido y presentan un revestimiento piloso, una piel gruesa y raíces muy largas que llegan hasta el agua subterránea. Por su parte la fauna tiene especímenes que resisten mucho tiempo sin beber, se protegen de la luz del sol y salen por la noche para alimentarse.”
La preocupación de los pueblos aborígenes de construir diques y canales, como el conocido ‘Canal del Indio”, en el departamento Zonda (Todavía puede observarse) demuestra la necesidad de canalizar agua hacia los lugares donde estaban los asentamientos.
En la actualidad, sigue siendo prioridad en nuestra provincia el aprovisionamiento y manejo del agua, habiéndose realizado obras de ingeniería para su embalse y posterior distribución y generación de energía. También es importante contar con más canales y nuevos sistemas de riegos para mejorar el aprovechamiento como el de aspersión que ayuda a ahorrar agua. Las acequias son las que ayudan, al igual que el sistema circulatorio humano, a llegar hasta el último bordo de sembradío, lo mismo que las bombas subterráneas, cuando escasea el agua por falta de nevadas.
Sarmiento expresó: ‘El agua para San Juan es como la sangre para el cuerpo humano”.
Sin duda la importancia del agua es un tema que ningún sanjuanino ignora, pero que siempre sirve para referirnos al significado que el agua tiene para el hombre de las zonas áridas. En relación a este aspecto me referiré a dos situaciones que se presentan en nuestra provincia y una tercera que se ha tenido en cuenta en otros sitios lejanos que poseen similares la características climáticas a la nuestra, que además de hacer referencia al uso del agua para la sobrevivencia, hace referencia al placer de ver correr este elemento.
Nuestra provincia cuenta con todo un sistema de riego para los árboles tan necesarios en temporadas de calor, que debido al terremoto de 1944 y a consecuencia de la modernizando la ciudad, quedó interrumpido en varios sectores y cerrado a la vista de los habitantes. Actualmente no vemos correr el agua transmitiendo esa sensación de vida y fresco.
Otro aspecto de nuestra provincia es la falta de fuentes que emanen agua en chorros, que tendrían el mismo efecto que el de las acequias. Muchas de las fuentes no funcionan y otras han sido mal diseñadas, como por ejemplo la que está en Libertador y España; Ignacio de la Roza y Alem; Peatonal Sarmiento y peatonal Tucumán y peatonal Rivadavia.
El tercer aspecto extraprovincial lo vi y gocé en Granada, España, que posee la misma característica climática nuestra y que hace varios siglos construyeron un palacio en cuyos jardines el agua circula hasta por los pasa manos de las escalerillas, fuentes, chorros de agua, etc.
No pido que en San Juan se haga algo similar, estas obras tienen siglos pero sí que el agua esté a nuestra vista sobre todo en las fuentes y como éstas deberían ser, y volver a las acequias de riego, que abiertas evitaría la acumulación de basuras, por lo que luego el agua debe buscar salida por las calles, como ocurrió en la pasada lluvia del 22 de febrero pasado.
