A esta altura de los acontecimientos con más de ocho grandes conflictos bélicos en diferentes partes del mundo, entre los que figuran la guerra de Rusia contra Ucrania y el conflicto entre Israel y Palestina, no hay dudas de que el comercio de armas es uno de los emprendimientos corporativos más exitosos a nivel global. El problema es que esta actividad no solo ha creado un sistema económico que sigue creciendo, sino que ha normalizado a la guerra y las respuestas de seguridad a todas las crisis sociales.

En el último año no han habido reuniones cumbres, foros internacionales o declaraciones de líderes mundiales que no hayan hecho referencia a la comercialización de armas, ya que se está tomando conciencia que es uno de los grandes males que afectan a la humanidad.

Se puede establecer que el comercio de armas está vinculado al concepto de securitización, que lleva al uso extensivo de la lógica de seguridad militar mediante un mecanismo que activa el miedo. Se trata de un miedo que se materializa en amenazas y enemigos y que puede abarcar varios aspectos. En síntesis, es el miedo que justifica la preparación militar ante cualquier amenaza a nuestra seguridad, que justifica una guerra contra todo y que se constituye en la mejor estrategia de marketing para los productos y servicios de las empresas de armas.

Dentro de esta mecánica que es promovida a nivel mundial surge otro mal vinculado a la comercialización de armas como es el tráfico ilícito de armas, tan peligroso como el tráfico de drogas y otras sustancias que se comercializan a nivel internacional entre particulares, con muy pocos controles por parte de los respectivos estados.

Hay datos que realmente alarman en relación al comercio de armas ya que es un hecho de que actualmente se fabrican y se venden cantidades escandalosamente altas de armas y municiones. Según el Instituto Internacional de Investigaciones para la paz de Estocolmo, el gasto militar mundial subió en 2022 un 3,7% con montos cercanos a los 2,24 billones de dólares. Por su parte, según la organización Amnistía Internacional cada año se fabrican 12.000 millones de balas, cantidad suficiente para matar al doble de todos los habitantes del mundo.

Desde la Santa Sede y desde otros ámbitos que ha frecuentado en los últimos tiempos el papa Francisco se ha referido al tema de las armas y su incidencia en la paz mundial al proponer que las naciones destinen el dinero que utilizan en la fabricación o compra de armas y otros gastos militares, para formar un fondo mundial en contra del hambre y del cambio climático.

El ranking de los países que más armas exportan a distintos puntos del planeta lo lidera EEUU con casi el 39% de las ventas. Lo sigue Rusia con el 18,6%; Francia, con el 10,7% y China, con el 4,6%. Luego siguen Alemania, Italia, Reino Unido, Corea del Sur y España.

Desalentar este fenómeno no resulta nada sencillo ya que dentro del mismo están involucrados intereses nacionales de algunos países, de grupos empresarios particulares, y grupos de mercenarios promotores de conflictos bélicos.