El Papa guió ayer una multitudinaria vigilia mundial de oración por la paz en Siria y recordó desde el Vaticano el olivo que plantó en 2000 en Plaza de Mayo, junto con referentes políticos y de los credos, como signo permanente de la no violencia.
Ante un inminente ataque de Estados Unidos a Siria, Francisco se puso al frente de una cruzada diplomática, religiosa y espiritual por la paz mundial. No fue una reacción espasmódica ante noticias de muerte, crueldad, refugiados y drama humanitario en Medio Oriente, sino del accionar de un líder convencido de que ‘todo se pierde con la guerra, todo se gana con la paz‘. El Papa exhortó a darle ‘una oportunidad a la paz‘, seguida por una condena al uso de armas químicas y un planteo firme de que el diálogo y la negociación son ‘el único‘ camino para resolver el conflicto en ese país árabe sumido en ‘una guerra entre hermanos‘.
Al guiar la vigilia mundial, el pontífice recordó el retoño de olivo que plantó en marzo de 2000 como un reclamo permanente por la paz y que todavía hoy perdura en el histórico paseo.
El gesto mereció una acogida casi unánime, inclusive de referentes musulmanes de países árabes, que decidieron unirse en la plegaria común con las minorías cristianas. El Papa subrayó su pedido con mensajes por Twitter, que rápidamente marcaron tendencia mediante el hashtag #PrayForPeace. Sin embargo, la movida más fuerte del Papa fue diplomática. Primero, una reunión con el rey de Jordania en un momento clave por rumores de guerra, mientras se esperaba las conclusiones de los inspectores de Naciones Unidas sobre el ataque con armas químicas en Siria. Y luego, una convocatoria para este jueves a los 71 embajadores acreditados en la Santa Sede, para estudiar posibles ‘líneas que adoptar‘ ante el conflicto e involucrar a los gobiernos del mundo en su iniciativa de paz.
