Las leyes estructuran una sociedad y hacen que su funcionamiento responda a objetivos comunes porque tienen que ver con la justicia y con la credibilidad. En tanto, las leyes básicas -educación, salud, justicia- son la garantía de toda sociedad en crecimiento.
La Argentina tuvo una ley que fue la base de la educación y a la vez fiel constructora de su sociedad. Una ley que igualó el acceso a la educación y que generó las instituciones que luego fortalecieron el sistema nacional.
Recordamos la importancia de la primera ley de educación universal, obligatoria, gratuita y laica (Ley 1420 de Educación) que fue sancionada en 1884 durante el mandato de Julio Argentino Roca a pesar de la gran oposición proveniente de la Iglesia Católica, que no vivía todavía la apertura que asumió en las últimas décadas.
Lo que más importa es que la educación argentina tiene una historia real y que ella comenzó a tener peso a partir del presidente Domingo Faustino Sarmiento quien fomentó la inmigración, trajo educadores europeos y construyó escuelas y bibliotecas. Al final de su mandato se había duplicado la matrícula escolar.
Escuelas y bibliotecas fueron los hechos fundacionales de Sarmiento porque la instrucción debe ir acompañada siempre por conocimientos que se suman a esa base. Esa ley fue anulada en el comienzo del último proceso militar.
Mucho después de la 1420, vino la ley de educación religiosa que contempla las necesidades del sector y de esta manera pudieron coincidir dos espacio que se rigen por códigos muy diferentes.
En el núcleo de esa situación está le ley, como el eje vertebral de las actividades que se iban a generar para asegurar la enseñanza o para hacer de la enseñanza lo que hoy es: un servicio público.
Un dato histórico. El escritor francés Fénelon que vivió en el siglo XVIII, dijo que "no es el hombre quien debe gobernar, sino la Ley” e hizo notar que los países más corruptos son los que tienen más leyes vigentes.
Algunos países -y no son pocos- tienen leyes puestas en vigencia espontáneamente, como respuesta a necesidades esporádicas, no es el caso de Argentina ya que la 1420 cimentó y proyectó la educación por décadas.
Y así la sociedad creció porque el hombre se preparó para hacerle fuerte y porque el respaldo legal hizo que no se perdieran oportunidades ni se tomaran como tales sucesos esporádicos, de esos que se viven de vez en cuando y se olvidan pronto.
Hoy no se puede hablar de una ley que realmente respalde a la educación, por ello hay abandono de principios y ausencia de los valores de la actividad formativa lo cual conforma un panorama poco auspicioso para el futuro.
Es lamentable pero los problemas generacionales de hoy no están legalmente contemplados lo cual genera una situación de vacío que ocasionará problemas en los tiempos del futuro inmediato y un poco más allá.
Hay tres puntos principales en el tema educativo, son el conocimiento y uso de la gramática, de los sistemas numéricos y de los saberes básicos de la ciencia que, sumados conforman la cultura general de un país.
Este tipo de conocimiento fue cambiado por el desarrollo de la tecnología que ha hecho que las nuevas generaciones se sientan propulsoras de una nueva cultura, espacio en el que las nuevas herramientas parecen un hecho natural.
De esta manera se ha sumado la tecnología a los saberes y esa suma se ha transformado en un hecho básico para el desarrollo de proyectos en cualquier ámbito. Ha crecido el sentido innovador y creativo.
Esta verdad última no puede obviar que falta actualizar el desarrollo político del sistema legal que debe respaldar la enseñanza. Esa falta neutraliza la actividad educativa que es algo similar a parar culturalmente el país.
La ley de educación no puede ser letra muerta. Esa ley debe conmover todas las estructuras culturales para hacer de la Argentina lo que puede ser dado su historia educativa, un país activo e innovador.
La educación debe vertebrar las aspiraciones del individuo y de su comunidad bajo la luz del conocimiento, cuando esa luz se apaga la sociedad se convierte en un cuerpo pesado y sin vuelo propio.
De manera que demandar una educación activa y capaz de dar respuesta a las demandas actuales de la sociedad es un deber de todos los argentinos.
