El régimen comunista cubano, encabezado por Raúl Castro, anunció la liberación de 52 presos políticos en forma gradual. Sin dar más detalles sobre cómo y en qué momento ocurrirá el resto de las excarcelaciones de los últimos presos del Grupo de los 75, que fueron detenidos en 2003, durante una ola represiva que se recuerda como la Primavera Negra, la Iglesia Católica de Cuba se limitó a afirmar que estas se realizarán en un plazo máximo de cuatro meses.
El anuncio no producirá cambios fundamentales en la isla, que todavía está lejos de cumplir con las condiciones democráticas necesarias para que Estados Unidos revalúe su política hacia La Habana. No habría que hacerse demasiadas ilusiones de que este gesto augure un cambio político fundamental en la isla que los hermanos Castro han gobernado a través de un modo dictatorial desde 1959. Cuba tiene un largo historial de concesiones tácticas en materia de derechos humanos, cuyo objetivo es dejar pasar tiempo a favor del régimen, en vez de reformarlo.
La anunciada liberación del grupo de presos políticos es una victoria para los disidentes cubanos que han ganado prestigio dentro y fuera del país. La muerte del preso de conciencia Orlando Zapata, después de una huelga de hambre de 85 días, y los ataques de bandas patrocinadas por el gobierno contra las manifestaciones pacíficas de madres y esposas de los presos políticos, ha hecho que el mundo manifieste su condena.
Recientemente apareció en La Habana de un nuevo movimiento de protesta pacífica, que procura la liberación de todos los presos políticos y que lucha, de manera notoria, aunque silenciosa, por el respeto de los derechos humanos. Se trata de las llamadas "damas de blanco”, esposas de los presos condenados el año último a largas penas de prisión por haber incurrido en el llamado "delito de opinión”. Son prisioneros "de conciencia”, para usar una expresión ya clásica en la historia del totalitarismo comunista. A la misma condición están reducidos, en su mayoría, los más de 300 detenidos que el régimen castrista mantiene en sus cárceles.
Tenía razón el escritor mexicano Octavio Paz (1914-1998) cuando afirmaba que "sin democracia, la libertad es una quimera”, y para que esto se haga realidad, el régimen dictatorial cubano deberá ceder su lugar a la libertad plena y sin retaceos.
