¿Por qué Sergio y no Rubén Uñac para la vicegobernación? ¿Por qué Ruperto Godoy como senador y no como diputado nacional? ¿Qué significado tiene la confirmación de Marcelo Lima para la reelección en Capital? ¿Y la de Juan Carlos Gioja en Rawson?
En las respuestas a esos interrogantes descansa la esencia del armado de José Luis Gioja para los próximos 4 años, lo que deberá llevar en letras de molde acuñada la palabra "futuro".
Esos cuatro o cinco nombres, más alguno que anda pivoteando por detrás de los flashes, acaban de recibir el gallardete de coroneles en la imaginaria escala gradual del oficialismo provincial. Es el giojismo propietario de una foja de servicios envidiable en la historia provincial -8 años de gestión cerrados con un asombroso nivel de aprobación ciudadana-, que acaba de redoblar el desafío hacia el futuro con el propósito de extender lo más posible ese círculo virtuoso.
Y se ha recostado para eso en los más leales, como lo acaba de confirmar la decisión de José Luis Gioja de fogonear para los cargos más importantes al puñado de dirigentes que bajo toda circunstancia jugó para la causa. Y que serán los que vayan a recibir el testimonio cuando los tiempos naturales y los de los ciclos vayan cantando que sea el momento.
Los Uñac, los Lima, Godoy en el Congreso y el ala familiar de Juan Carlos, fueron para el gobernador Gioja los que formaron la primera línea -de 4 y no de 3- de su scrum. Fueron ellos los lugartenientes con los que tomó las curvas más complicadas, y por eso no habría de extrañar que sean ellos, también, los señalados para lo que vendrá. Así fue.
Denominador común: la lealtad a prueba de balas. Único salvoconducto eficiente para sobrevivir a las aguas turbulentas en que suele convertirse un tablero político en cambio permanente.
Debió armar Gioja con su lista un verdadero rompecabezas plagado de gestos. Y hacer confluir en esa ocupación de espacios todos los premios y castigos que viene acumulando como un volcán desde hace tiempo. Vamos por partes.
Sergio Uñac es el intendente que mejor mide en las encuestas y quedó anotado por esa sencilla naturaleza como uno de los más señalados en el camino de la sucesión. Cuando la sucesión era un aperitivo inminente y no como ahora, que demanda una espera de 4 años más.
No es una ingenuidad ni una taba al aire el hecho de que haya sido designado para la vice. Supone el asunto una decisión fundacional: nunca Gioja eligió como ladero a ningún dirigente de alto perfil que pudiera ensombrecer su protagonismo.
No lo fue Marcelo Lima en el primer período, ni mucho menos Rubén Uñac en el segundo. Al menor de los hermanos pocitanos -el actual intendente- el gobernador lo compró tal cual es. Lo conoce desde la secundaria por aquel viejo vínculo de Gioja con el padre de ambos -el recordado Coco Uñac- y sabe exactamente lo que puede dar.
Y no le pedirá a su nuevo compañero de fórmula que se despersonalice, porque sería lo mismo que requerir de una Ferrari que no pase los 60 kilómetros. Está en la naturaleza de Sergio Uñac como dirigente político el perfil de hacerse notar un tranco más que los otros vices, y el Gobernador lo sabe. Pero también sabe que tiene escrito en el ADN un código de fidelidad a ciegas y que no hará nada que quite espacio al que manda.
Se viene una gestión muy particular para Gioja en caso que gane en octubre. Porque pasada la mitad de mandato, nuevamente correrán las especulaciones sobre la sucesión y es allí donde deberá extremar las fuerzas para conservar la autoridad.
Nada mejor entonces -piensa- que alguien que pueda funcionar como pieza de recambio pero que le juramente respeto a las decisiones, aunque no le convengan.
¿Es entonces la designación de Sergio un gesto planeado y orientado hacia la sucesión? Es probable, pero lo más conveniente para el propio involucrado será no creérselo, entender que no será el único en la grilla de partida de las preferencias de Gioja y que, en última instancia, deberá jugar para el equipo.
Otro caso es Ruperto Godoy, un dirigente que no fue nacido y criado en los aposentos giojistas pero que supo reconvertirse, y que hoy se ha convertido en una espada poderosa del entorno del Gobernador en el Congreso. La más importante en esa dimensión, puede afirmarse, entre los legisladores sanjuaninos.
Y no es esa una función despreciable. Godoy parece haber asumido el rol del propio Gioja, cuando el Gobernador estaba en el Congreso y sobresalía por la eficiencia de sus gestiones, tanto ejecutivas como políticas.
Godoy interpreta mejor estas últimas sobre las primeras, especialmente porque de los mangazos de fondos se sigue ocupando Gioja en persona. Y en ese plano político, ha conseguido traer, y todo lo que trae, hacerlo por dentro de la órbita del Gobernador.
Es cierto que su ubicación como aspirante al Senado obedece a esa disciplina dentro de la provincia y del proyecto comandado por José Luis, como por su creciente desempeño como dirigente político de relieve en el oficialismo nacional. Sin que fuera necesario un llamado desde la Rosada pidiendo por él, el gesto fue claro: impulsar a un dirigente que juega bien en la provincia y a la vez quedar bien con las expectativas de Cristina. Es -por lo tanto- el de Godoy otro nombre inscripto en el futuro del proyecto G, aunque su proyección se medirá más bien con la vara de la durabilidad de la que disponga el proyecto K.
Luego aparece Marcelo Lima, el intendente de la Capital, que irá por su reelección. ¿Cómo proponer su nombre como pieza de recambio para el futuro si ha permanecido en el mismo lugar? Puede ser ese un interrogante razonable si no fuera porque los gestos tienen matices y contextos, y allí es donde radica la riqueza.
Marcelo Lima no ha sido confirmado para seguir en un cargo ejecutivo cualquiera sino en el más visible de todos después de la propia Gobernación. Y el más hostil: fue Capital el departamento donde menor caudal de votos consiguió el SÍ después de Ullum, y donde más le cuesta germinar a Gioja. Sin embargo, el intendente está alcanzando en Capital niveles de adhesión históricos para el PJ, que pueden parecer raquíticos comparado con otros departamentos, pero que resultan de alto valor para el proyecto.
Una buena performance personal de Lima que lo hace depender de sí mismo. A la que suma un ejercicio de fidelidad a prueba de fisuras, y que lo ubican en primera línea de cara al futuro. Con él, además, Gioja tiene una garantía adicional: sabe que juegue donde juegue, entre ellos no habrá rebusques, ni distancias, ni celos, ni enojos. Le toque, o no le toque.
Queda para el final el hermano Juan Carlos, ya confirmado como aspirante a intendente de Rawson. La tierra prometida en la que el propio José Luis fue candidato a jefe comunal y donde la derrota en 1983 le ha quedado atragantada durante años, casi tanto como el desaire de su ex compañero Mauricio Ibarra.
Con Juan Carlos hay varias lecturas simultáneas. Una, capitalizar la excelente performance en Rawson que registra el apellido Gioja. Dos, el gesto familiar de impulsar a uno de sus hermanos, después del grueso desequilibrio ocasionado por la irrupción desbocada de César y su consiguiente separación de filas. Y tres, reformar la ascendencia de los leales en la primera fila de los garantes del proyecto, junto a los antes nombrados. Especialmente junto a Lima, al mando de los dos departamentos más importantes de la provincia.
¿Si Juan Carlos puede ser una pieza de recambio en la sucesión? El diputado y candidato ha sabido, hasta ahora, hablar cuando debe, y callar cuando hace falta.
