Dicen que la noche y el alcohol despiertan fieras. Esta frase se adecúa a la perfección al panorama que se vive en San Juan durante los fines de semana. Peleas en la puerta de los boliches, agresiones contra la Policía, controles de alcoholemia que dan positivo, menores en las comisarías porque intentan ingresar a lugares que no permiten su ingreso. Aunque cada vez son más los controles, el operativo policial no da abasto. Cada vez hay más efectivos en la calle, con o sin uniforme, en patrulleros y vehículos comunes. Y aunque tratan de que se cumpla la ley seca, siempre están los que encuentran el modo de evadirla. DIARIO DE CUYO hizo una recorrida nocturna por distintos puntos neurálgicos de la provincia, junto al operativo que realiza la Policía de San Juan.
San Juan nocturno despierta pasada la una de la madrugada. Esa es la hora en que el megaoperativo policial empieza a tomar forma. El escenario es similar todos los fines de semana. Lo que se modifica son los puntos de encuentro. A veces la movida más fuerte está en Urquiza y Libertador, a la que también se conoce como "zona caliente". Otras está en el Acceso Sur, donde se encuentran varios boliches. Circunvalación y Rawson, en Concepción, también suele ser zona de encuentro y de razzia policial. Angaco, Caucete y 9 de Julio no están exentos de la movida.
Es usual ver menores de 18 años formando fila en la puerta de los boliches, aún cuando tienen prohibida la entrada. Pero el agite comienza cuando desembarca la Policía en vehículos comunes y con efectivos de civil y empiezan a pedir documentos. La situación los toma de sorpresa. El lugar se convulsiona cuando una veintena de chicos de entre 13 y 17 años son transportados hasta la comisaría más cercana para el resguardo de su integridad física. Es cuando intervienen amigos mayores y empiezan a circular las excusas y un miedo en común: que la Policía llame a los padres. Y es lo que sucede ni bien llegan a la seccional.
Pero ese es un episodio aparte. Los padres llegan a buscar a sus hijos y por lo general reaccionan contra la Policía. La tarea más complicada es hacer que entiendan que no se trata de una persecución, sino que buscan evitar que tengan accidentes o se emborrachen. La noche es larga y muchos papás recién van a buscarlos cuando ya es de día. Los menores no pueden estar en las celdas. Están apostados en las oficinas y en la recepción de las comisarías. Otros se quedan en la vereda o en la entrada porque adentro no hay espacio.
A eso de las 3 de la madrugada, la Seccional 4ta está colapsada y no cabe ni un alma más, al igual que la 3ra, 13ra y 2da. Mientras tanto, una treintena de jóvenes se enfrenta en la puerta de un boliche en Concepción. Aparentemente alcoholizados, son detenidos por disturbios en la vía pública y también terminan en la comisaría. La policía afirma que el alcohol está en todos lados y que no diferencia edad ni clase social. Los chicos también dicen lo mismo. Excusas, ruegos, llantos, padres enojados. Panorama que se reitera en las seccionales donde van los menores.
Un rato después, en pleno centro, dos parejas improvisan juegos en plena calle, parando automóviles que circulan por el lugar. Todos borrachos, detienen un vehículo sin sospechar que adentro va una mujer policía que está haciendo el operativo de control de manera "camuflada". Uno de los hombres la agrede físicamente. El resultado: dos detenidos con causas penales.
La movida nocturna no tiene un ritmo constante. Ni para los jóvenes, ni para la Policía. Los picos de acción se encuentran entre la 1 y las 2:30 y después de las 3:30, que es cuando no se puede vender más bebidas alcohólicas. Es cuando las estaciones de servicio se convierten en el lugar perfecto para terminar la noche. Esto es sin contar los kioscos que venden alcohol más allá del horario y de la edad. Es cuando las grescas se hace más frecuentes, y entonces la luz del Sol empieza a salir.
