Saltaban. Se abrazaban. Lloraban. Todas, sin ninguna excepción. Habían logrado un hecho histórico pero a ellas sólo les importaba el estar festejando una alegría contenida. Un objetivo que nació el año pasado cuando fue confirmado el cuerpo técnico encabezado por el Negro Otiñano y cuando ellas quedaron en la lista definitiva de las que vendrían al Mundial.
Habían trabajado mucho. Con seriedad y dedicación. Sólo querían ser campeonas. Otra cosa no la hubiesen digerido. Por eso cantaron. Soltaron un montón de lágrimas cuando les fueron colgando las medallas doradas. Y se emocionaron al máximo cuando entonaron las estrofas del Himno Nacional Argentino. Y tiraron frases para el recuerdo. María José Gioja dijo, por ejemplo: “La verdad que muchos dudaron porque yo esté. Si hasta yo misma lo hice, después de dos años sin jugar. Pero el Negro (Otiñano) siempre me dijo ‘vos podés, vos podés, lo vamos a hacer’ y el profe que se pasó con los entrenamientos. Por eso llegamos, pudimos y ahora todas tenemos que festejar”.
A su lado, Dayana Silva, a quien había que cortarle las lágrimas por tanta emoción aclaró “esto ha sido un proceso totalmente difícil. Sabíamos que Francia nos iba a complicar, pero nosotras siempre estuvimos confiadas. Todo pasó por la marca y hoy creo que defendimos como nunca.”. Y la Peti, Adriana Gutiérrez, aclaró a su vez: “Como no voy a estar feliz viviendo este momento justo en mi último Mundial. Conocíamos el poder de Francia pero nosotras también tenemos lo nuestro. Esto es inolvidable”.
