Los miembros de Protección Civil y los Carabinieri ya se han hecho casi con el control de la ciudad de L’Aquila, en la que largas colas de evacuados aguardaban bajo los paraguas o plásticos el cobijo prometido.
Los niños, ancianos y heridos han tenido prioridad a la hora de lograr alojamiento en una de las 50 tiendas instaladas en el campo de atletismo de la ciudad medieval, situada a 85 Km al noreste de Roma, de unos 70.000 habitantes y conocida por sus inviernos rigurosos.
Finalmente a media noche todos los concentrados, algunos de ellos todavía en pijama, han recibido un colchón, una sábana, una manta y cojín para reposar la cabeza, mientras los generadores eléctricos brindan luz al campo de refugiados. "Llevo 20 horas sin dormir" comenta una joven, Flavia Cenci, que aguarda plaza junto a su novio tras ser despertados bruscamente por el terremoto que sacudió la región de los Abruzzos.
L’Aquila sabe de terremotos, otros movimientos sísmicos se llevaron por delante sus iglesias y plazas primitivas a excepción de la Fontana delle 99 Cannelle y la campana del ayuntamiento, que suena todas las tardes 99 veces.
Y una vez más la ciudad de L’Aquila se transformó ayer en una ciudad fantasma, los edificios derrumbados y cerradas las ventanas de los que quedan en pie, mientras sus calles sólo son transitadas por periodistas y por miembros de Protección Civil y bomberos que trabajan en el desescombro.
