A esa hora, el sol ya lanzaba sus rayos perpendiculares que hacían que el gobernador Gioja, encargado de bajar la bandera a cuadros -reemplazada por una con los colores argentinos- la utilizara para tener un poco más de sombra que la que le proporcionaba una gorrita roja. La expectativa de las 20.000 personas en ese momento era tal que casi nadie hablaba, todos mirando al horizonte tratando de escuchar el ruido de algún motor que anunciara el primer arribo.
Enajenada de semejante acontecimiento una perra con signos inconfundibles de estar amamantando cachorros por sus pezones caminaba por el lecho del río y la gente comenzó a pedir que a los policías que la retiraran para que no corriera el riesgo de ser atropellada. Hasta que alguien a 300 metros del primer mandatario le gritó: "’Gioja, dale una asignación familiar”. Hasta al propio gobernador le pareció graciosa la ocurrencia y saludó "acusando recibo’ que servía para aliviar un poco una espera que empezaba a ser cuesta arriba.
Y a las 11.45 apareció, por fin, la primera moto. Allá, en el fondo, a lo lejos la polvareda de tierra lo indicaba. Era la número 1, la del español Marc Coma. Y ahí la tribuna instalada a los costados del río seco explotó. La ansiedad se terminó y las cámaras de foto y los celulares se apoderaron de un momento único. No pasaba a máxima velocidad el español porque antes del puente estaba el punto de llegada, así que los retratos quedaron plasmados.
Y fueron apareciendo todos. Las motos primero. Los cuatriciclos después y la ovación a los Patronelli fue todo un impacto. El primer auto, del francés Peterhansel, volvió a sorprender. Y en un minuto fue un desfile de máquinas "de otro planeta’. todo eso en poco más de una hora. Otra vez la espera. Ahora por los Sisterna y los camiones, pero esta vez matizada con la llegada de otros competidores. Y casi a las 16, otra ráfaga. Pasaron los sanjuaninos y un par de minutos después los camiones de los rusos. Listo, la mayoría comenzó a pensar que estaban satisfechos y emprendieron el regreso.
"’Llegamos a las 5 de la mañana”, relató Ignacio Campillay que estaba junto a sus siete amigos. "’Somos todos estudiantes así que como estamos de vacaciones aprovechamos y nos vinimos. No conocemos a nadie, pero esto es histórico y no se si otra vez puede ver esta acá”, agregó el santaluceño.
También hubo espacio para la platea femenina. Y Sandra Acosta fue una de ellas, que contó su experiencia con el rally: "’No soy de ver deporte y menos asistir, pero mi marido es "tuerca’ como él dice y no podía dejar de acompañarlo en algo que le apasiona”.
Estaban todos, los que le dijeron presente al dakar, los que podrán contar que vieron la máxima prueba de rally en San Juan. Los que fueron sin saber que se podían encontrar, porque la mayoría respondió no conocer a los pilotos, salvo "’los Patronelli porque se los nombra mucho”, dijeron. Aunque si sabían que entre los autos estaban los sanjuaninos Sisterna y ahí si el apoyo tuvo destinatario: ”Hasta que no pasen los Sisterna no nos vamos, aunque sea el último”.
