A lo largo de su vida, Sábato buscó diversos modos de expresar sus sentimientos. Primero recurrió al terreno de la ciencia y luego a la literatura. Pero más tarde también se pasó al lenguaje de la plástica. Así, expuso en sus cuadros las mismas obsesiones que en sus escritos. Igual que en sus libros, hizo predominar en la pintura la pasión y una óptica trágica de la vida; así también como las visiones de su propio rostro. Hacia los ´90, anunció el abandono de la literatura para dedicarse al arte pictórico. Según sus palabras, “la pintura fue mi primera pasión, desde la niñez, cuando aún no sabía leer ni escribir”. En cuanto a su estilo, si bien tuvo una temprana relación con los surrealistas, prefirió clasificar a su obra como sobrenaturalista, aunque sus temáticas recuerden al expresionismo.