Durante su última celebración pascual, el papa Francisco puso énfasis en una prédica cada vez más fuerte en demanda de la paz mundial, desde el actual contexto de violencia social que en mayor o menor escala afecta a la humanidad, hasta los extremos con guerras declaradas o insurgencias armadas que causan estragos en la población civil.

El líder de la Iglesia católica viene reclamando la concordia y la pacificación en todas las regiones beligerantes, apuntando a los enfrentamientos entre palestinos e israelíes, la violencia en Libia, Yemen y Ucrania, y a los asesinatos masivos del fundamentalismo islámico, entre otros sangrientos episodios a los que Bergoglio ha calificado como una "tercera guerra mundial" que se desarrolla por partes.

La promoción de la paz en el mundo, mediante la oración, no es una quimera sino la decisión firme de todas las personas de buena voluntad que manifiesten a los poderes la necesidad de encarrilar la convivencia de los hombres apelando al diálogo para llegar a la concordia. El Minuto por la Paz, organizado por el Arzobispado local y anunciado para mañana a las 13 en la Catedral, lleva el propósito de hacer un alto en la rutina diaria para sumar a los sanjuaninos en una demanda universal por la cultura del encuentro.

La participación en la oración de representantes de la Iglesia Católica, la Comunidad Judía, la Iglesia Evangélica Metodista Argentina, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la Iglesia Evangélica Bautista, la Iglesia Evangélica Pentecostal, Comunidad Bahai, la Escuela Científico Basilio y el Culto a Dios de los Discípulos de Jesús, son las organizaciones adheridas. La convocatoria del Arzobispado de San Juan con la adhesión de la Mesa Interreligiosa Provincial de San Juan, la Acción Católica Arquidiocesana, la Comisión de Justicia y Paz, la Dirección de Relaciones de Culto y ONGs del Ministerio de Gobierno, dan cuenta de un sentimiento que anida en todos los corazones de quienes claman por la racionalidad del entendimiento.

No ser indiferentes frente a los perseguidos, decapitados y crucificados por su fe, o mantener un silencio cómplice ante los migrantes en busca de una vida digna o, lo peor, las masacres y el número masivo de refugiados en Siria e Irak, el caos en Libia o en Somalia, los enfrentamientos civiles en República Centroafricana, atentados anticristianos en Pakistán y la represión en China y Corea del Norte, entre tanta población amenazada, nos demanda un minuto de oración.