"¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo (Lc1,28)”. Este es el saludo del ángel Gabriel a María, que en cierto modo resume el significado del Santo Rosario.

La Iglesia ha dedicado el mes de octubre para honrar a la Virgen María con el Rezo del Rosario, práctica cristiana que está compuesta en su fondo y sustancia por la oración del Padrenuestro y por la salutación angélica del Ave María ("El anuncio del nacimiento de Jesús” y "La visita de María a Isabel”). Desde los Apóstoles y discípulos que aprendieron de labios del mismo Jesucristo, el Padrenuestro y conocieron los misterios obrados en María, a saber: el saludo del Ángel y las palabras de Santa Isabel; agregándose, sucesivamente, las restantes partes del Avemaría que le añadió la Iglesia, el Rosario se ha convertido en una de las oraciones más querida por todo el orbe cristiano.

Desde los primeros siglos, la Iglesia recomendaba recitar cada día los 150 salmos de David (práctica que se hacía en monasterios) pues era considerada una oración sumamente agradable a Dios y fuente de innumerables gracias para aquellos que la rezaran. Sin embargo, esta recomendación sólo la seguían las personas cultas y letradas pero no la mayoría de los cristianos. Por esto la Iglesia sugirió que aquellos que no supieran leer, suplantaran los 150 salmos por 150 Avemarías, divididas en quince decenas. A este "rosario corto” se le llamó "El Salterio del la Virgen”.

Sin embargo, el cielo le tenía reservado a Santo Domingo de Guzmán (1170-1221), santo sacerdote español fundador de la "Orden de Predicadores” más conocidos como Dominicos, la misión de propagar esta práctica y su predicación. A esto se refiere uno de sus más destacables hijos en la Orden, el Beato Alano de Roche, en su libro "Dignitate Psalterii”:

"Viendo Santo Domingo que los crímenes de los hombres obstaculizaban la conversión de los albigenses (un movimiento religioso de carácter gnóstico), entró en un bosque cercano a Tolosa (Francia), y pasó en él tres días y tres noches en continua oración y penitencia. No cesaba de gemir, de llorar y macerar su cuerpo con disciplina, a fin de apaciguar la ira de Dios, fue entonces que la Santísima Virgen María se le apareció y le dijo: "¿Sabes, mi querido hijo Domingo, de qué arma se ha servido la Santísima Trinidad para reformar el mundo? -¡Oh Señora!, respondió él. Vos lo sabéis, mejor que yo, porque después de tu hijo Jesucristo, fuisteis el principal instrumento de nuestra salvación. Ella agregó: "Sabes que el arma principal ha sido el Salterio angélico, que es el fundamento del Nuevo Testamento; por lo cual si quieres ganar para Dios esos corazones endurecidos, predica mi salterio”.

Fue Santo Domingo de Guzmán, que con la ayuda de la Trinidad Beatísima, la protección de la Virgen María (Quién fuera la que le entregó el Rosario y le enseño a rezarlo) y junto con sus piadosos frailes de aquél tiempo, se convirtió en el gran predicador del Santo Rosario.

Se ha de decir también, que la Iglesia, en su Magisterio Apostólico, ha recomendado a través de los Papas esta práctica. Entre los sucesores de Pedro, que han propagado fuertemente esta devoción destacamos a San Pio V (La Fiesta de la Virgen del Rosario, fue instituida por el 7 de octubre de 1571); León XIII (quien escribe 13 encíclicas sobre la práctica y la devoción del Santo Rosario); también encontramos a Pio XI, el Venerable Pio XII, el Beato Juan XXIII, Pablo VI, El Beato Juan Pablo II, Apóstol del Rosario (con documentos, discursos y encíclicas dedicadas a la figura de la Virgen María, y el rezo del Rosario, entre ellas "Rosarium Viginis Mariae”, también fue quien agregó los misterios de Luz, que nos hablan de la infancia y de la vida pública de Jesús.

Actualmente el Papa Benedicto XVI, insiste en la devoción a la Virgen, en estos tiempos difíciles que el mundo está viviendo, por ello exhorta a no abandonar el Santo Rosario, y a rezarlo diariamente, así lo consigna en uno de sus muchos discursos, y homilías pronunciadas a lo largo de este fructífero pontificado:

"El Rosario es oración contemplativa y cristocéntrica, inseparable de la meditación de la Sagrada Escritura. Es la oración del cristiano que avanza en la peregrinación de la fe, en el seguimiento de Jesús, precedido por María. Desearía invitaros, queridos hermanos y hermanas, a rezar el Rosario durante este mes en familia, en las comunidades y en las parroquias por las intenciones del Papa, por la misión de la Iglesia y por la paz del mundo.” (Ángelus 07-10-2007)

(*) Parroquia Santo Domingo de Guzmán.