Un desafío de la educación actual lo marca, sin duda alguna, el impulso estatal por las ciencias duras a través de becas, premios y subsidios. Si bien la idea es plausible porque significa un adelanto hacia los puestos de vanguardia y una inserción en el contexto global y en los grandes centros de estudios superiores, la realidad argentina es otra y a ella hay que enfrentarse con la verdad de los números. Por ejemplo, si hacemos un análisis pormenorizado la mayoría de los alumnos no llegan a entender la lógica simbólica ni los algoritmos y fracasan a veces hasta un 90% en las pruebas sobre matemáticas, física o química. Por otra parte hay un gran interés en las ciencias humanísticas con un rebrote de la sociología, de las ciencias de la información, publicidad, turistología y en el campo terciario un verdadero "bum" lo constituyen las artes industriales referidas a la gastronomía.
Este dilema se centra en cómo atraer a los alumnos hacia campos más específicos de investigación que reviertan la soledad en la que navegan muchos de los que estudian estas ramas del saber, a veces consideradas áridas pero que en sus profundidades contienen un potencial interesante en la inversión de "vender", posicionarse en robótica, biomedicina, neurociencias, medicina nuclear, astro física entre otras.
Trasladar la capacidad innovadora y la creatividad como camino de progreso no es fácil y uno de los obstáculos es el idioma ya que el ingles técnico no está al alcance de todos. Pero nada es imposible cuando los recursos humanos son genuinos y los jóvenes argentinos han demostrado talento y habilidad predictiva muy útiles para desenvolverse en este singular territorio donde la brecha tecnológica es grande y no se cuentan con los suficientes materiales. Desde esta provincia han surgido recientemente excelentes propuestas desde el área Ciencia y Técnica gubernamental que deben ser valoradas, difundidas y tomadas seriamente por ambas universidades. Las presiones presupuestarias también deben tenerse en cuenta en esta suma de riesgos, en el fracaso de las propuestas, como así también la regulación de los tiempos y las exigencias de las presentaciones. Pero junto a esta sombría perspectiva tiene que abrirse un abanico de posibilidades provenientes de ambas partes tanto de quienes ofrecen este beneficio como así también de los destinatarios, verdaderos protagonistas de un futuro alentador.
Dos planos se generan en la órbita del pensamiento a partir de esta premisa: el primero de ellos la comprensión y el uso adecuado en el dominio de la técnica y el segundo la participación personal en la tarea de construir, transformar y guiar la sociedad hacia procesos efectivos de cambio.
