El 4 de noviembre de 2008 Estados Unidos hizo historia, al cerrar una campaña electoral llena de épica y elegir al primer presidente negro del país, Barack Obama. A cuatro años de aquella instancia una nueva etapa constitucional finalizó con la reelección del demócrata que sacó al país del abismo pero no logró ponerlo de pie.
Hay 23 millones de norteamericanos con trabajo precario o desocupados: el desempleo es la principal preocupación y por eso Obama destaca los 29 meses consecutivos de creación de empleos, unos 5,5 millones desde que asumió la Presidencia. Pero Obama instaló temas sociales que no podrán esperar otros cuatro años, como la definición sobre el aborto, la inmigración, y la salud, en la que se anotó uno de los grandes éxitos, con una reforma que beneficia a unos 45 millones de personas, y que los republicanos quieren voltear.
Casi totalmente ausentes de la contienda final estuvieron los temas no menores que habían enfervorizado a millones de estadounidenses, republicanos o demócratas, en 2008 y 2004, durante la belicosa contienda electoral entre George W. Bush y John Kerry. La discusión sobre el rol y la presencia del Estado, la esperanza de cambio, la relación de EEUU con el resto del mundo, su seguridad, sus polémicas guerras, cubrió a esas dos campañas con un manto de quiebre histórico que ésta no tuvo.
Ahora el problema es la crítica situación fiscal, de lenta recuperación. Si el Congreso y Obama no adoptan las medidas necesarias antes del 31 de diciembre, en enero entrarán en vigor aumentos fiscales y recortes que impactarán en millones de familias. El conflicto es presupuestario y político. La mayoría republicana en la Cámara de Representantes se opuso a aumentar la deuda y al alza de impuestos, un legado crítico y perentorio.
Pero por sobre este abanico de desafíos que le esperan a Obama, se debe destacar la lección de democracia que se dio al mundo. Un verdadero federalismo donde los electores tienen igual representatividad, sean estados pequeños o de gigantescos núcleos poblacionales, y una enseñanza para quienes creen que una Constitución debe reformarse según las circunstancias políticas. La mayor potencia mundial respeta la Constitución votada el 17 de septiembre de 1787, la Carta magna vigente más antigua del mundo, con enmiendas, pendientes, actuales o que han expirado.
Este modelo de civismo se tradujo en una campaña impecable y clarificada en los cuatro debates entre Romney y Obama que, lejos de dividir más, dan lugar a la convocatoria de Obama a Romney, tras la victoria, para sumar ideas republicanas a la nueva gestión del presidente reelecto.
