La decisión del gobernador de La Rioja de abandonar el Nuevo Cuyo, la regionalización estratégica pactada el 22 de enero de 1988 con Mendoza, San Luis y San Juan para un desarrollo sustentado en objetivos comunes, ha causado sorpresa por lo imprevisto, pero no por el trasfondo de una integración y complementación frustrada.

En absoluto se trata de una medida extemporánea del gobernador Luis Beder Herrera, ya que fue consensuada con todas las áreas de su gestión y avalada por los diputados, tras analizar los pro y contras de más de dos décadas de vínculos políticos y económicos con el Nuevo Cuyo. También ha sido muy cuidadosa la justificación hecha pública por el secretario general de la gobernación riojana, Alberto Paredes Urquiza, al señalar que en el país no hay una formalidad respecto a las regiones y por ello pertenecer al Nuevo Cuyo o al NOA fue una cuestión política en su momento, pero remarcó que "La Rioja pertenece históricamente y culturalmente al Norte argentino. Compartimos con estas provincias las mismas tasas de desarrollo socioeconómico, lo cual significa que compartimos los mismos problemas”, apelando a un lenguaje diplomático, sin dejar señalar que el hecho de reorientar el rumbo político de La Rioja no significa perder los vínculos con Cuyo.

La realidad de la ruptura hay que leerla entre líneas y no hacen falta tener estadísticas a mano sino observar el comportamiento de una sociedad provincial totalmente desequilibrada, sin réditos compartidos y mezquindades hegemónicas. La Rioja no puede explotar su potencial minero por los embates del ambientalismo ideológico, también en su vitivinicultura impactan los atropellos como el incumplimiento del acuerdo del mosto, y en el resto de su economía los ataques a la promoción industrial, todo esto sistemáticamente instrumentado por Mendoza. Entonces, lejos se está de una regionalización sustentable, para nivelar provincias ricas -con petróleo y otros beneficios de la naturaleza-, con aquellas pobres y marginales.

Una regionalización debe compartir infraestructuras básicas para la integración, por lo tanto es incomprensible que una de las provincias presione para mantener el monopolio del nexo cordillerano y opere políticamente para que los sistemas viales y ferroviarios converjan hacia un solo punto, como en la energía y los servicios. San Juan supo sobreponerse al acoso que le impedía despegar y San Luis crece con otros intereses, pero la impotencia de las autoridades de La Rioja es la que hizo mirar hacia sus ancestros culturales y socioeconómicos.