La brutalidad observada en el sangriento ataque a la redacción del semanario satírico francés "Charlie Hebdo”, atribuido a militantes de Al-Qaeda, por una parte, y la despiadada ejecución del piloto jordano difundida por la insurgencia del Estado Islámico (EI), por otra, son consecuencias de una sangrienta disputa por imponer el terror fundamentalista que azota al mundo. Los analistas observan en estos hechos que han conmocionado al mundo, parte de la feroz puja de sectores para liderar en la estrategia del miedo que sufre Europa como cabeza de puente para disparar nuevos atentados en países occidentales y capitalizar la mayor inestabilidad existente en Medio Oriente.
La radicalización del terrorismo, a través de mayores atentados y actos demenciales, es atribuida a la disputa subterránea que libran Al-Qaeda y EI por la supremacía de la Jihad global. La propaganda del califato, utilizando las redes sociales,
describe a su contrincante como un gigante en decadencia, luego de haber monopolizado durante una década el terrorismo mundial, y acusa a sus líderes de traidores a la fe, debido a que todo se circunscribe al objetivo de la llamada "guerra santa” contra los infieles occidentales.
Pero como el trasfondo ideológico es el mismo, los simpatizantes de uno u otro grupo pueden traspasar sus lealtades al otro o compartirlas, por lo que la amenaza de más violencia se potencia mientras se sumen más jóvenes a esas ideas. Las diferencias operativas radican en métodos y estrategias: el primero se enfoca en los atentados de alto perfil sobre objetivos precisos y espaciados, en tanto el otro lucha como un ejército regular con tácticas y armas convencionales, arrasando poblaciones para ocupar ciudades mediante sangrientas incursiones en un sistema de conquista territorial.
En Siria e Irak las dos bandas se enfrentan con las armas. Pero el combate decisivo se da en el terreno de la propaganda. El botín constituye, por un lado, los fondos que aportan magnates extremistas del mundo árabe y, por otro, la captación de jóvenes radicales dispuestos a inmolarse por el islam. Después de un año a la sombra de EI, la reivindicación del ataque parisino por parte de la rama de Al-Qaeda en Yemen, significó un golpe de efecto de la organización que condujo hasta su muerte Osama ben Laden y otros cabecillas desaparecidos.
