Bueno Aires.- No llegaron a él por los relatos de los testigos. Tampoco se entregó al verse acorralado. A Nicolás Gonzalo Rodríguez , el principal sospechoso de asesinar a un policía en la madrugada del 7 de diciembre, lo traicionó su tonada mendocina.
El acusado, de 32 años, fue arrestado en Santiago del Estero poco más de un mes después del crimen de Jorge Ariel Tobares (39), un agente que estaba custodiando un trole en la localidad mendocina de Las Heras. El policía, que iba vestido de civil, se enfrentó a dos hombres que subieron borrachos al transporte público (muy similar al colectivo, pero eléctrico).
Minutos antes, los dos pasajeros habían discutido con el chofer porque no querían pagar el boleto. La pelea fue subiendo de tono, hasta que intervino Tobares. En ese momento se inició un forcejeo que terminó de manera trágica cuando, según los testigos, el acusado tomó el arma reglamentaria del agente y le disparó en la cabeza. La dramática secuencia quedó registrada en un video casero que se viralizó en la provincia cuyana.
Inmediatamente se detuvo a dos jóvenes, de 20 y 22 años, quienes además fueron imputados por “homicidio agravado por el uso de arma de fuego en concurso real con robo”. Pero la rueda de reconocimiento y el cotejo de huellas dactilares dieron resultados negativos, por lo que ambos fueron liberados tres días después del crimen. Por esas horas, mientras Rodríguez buscaba refugio lejos de Mendoza, el círculo comenzó a cerrarse con la presentación espontánea ante el fiscal especial Juan Manuel Bancalari de dos jóvenes. Uno de ellos, Brandon Pérez (22) quedó detenido en la penitenciaría provincial luego de que en una rueda de reconocimiento dos testigos lo señalaran como el cómplice del autor material del homicidio.
La detención de Pérez, primo de Rodríguez, permitió a los investigadores concentrar todos sus esfuerzos en la búsqueda del prófugo. Incluso se solicitó su captura nacional e internacional. En ese momento, según se supo luego, el sospechoso ya vivía en Santiago del Estero, en una habitación que le había prestado una pareja evangélica, en el barrio Vértiz, de La Banda. A esa familia el prófugo le había confesado que se había “mandado una macana grande”.
Se cree que Rodríguez estuvo algunos días en La Plata y otros en Tucumán, hasta que se instaló en La Banda antes de las fiestas de fin de año. En esa localidad santiagueña hacía changas como cuidacoches y limpiavidrios cerca del casino. Los resultados de los trabajos de inteligencia ubicaron a Rodríguez en la provincia norteña, pero hacía falta una confirmación definitiva para enviar una comisión para localizarlo y detenerlo. Por eso, desde Mendoza mandaron la foto y los datos del sospechoso a la Policía santiagueña.
A los investigadores locales no les costó mucho llegar hasta el acusado: su tonada mendocina resaltaba demasiado entre los habitantes de La Banda. “Una persona que no lleva mucho tiempo en el lugar es fácil de detectar”, indicó al diario mendocino El Sol una fuente relacionada a la causa. Cuando no quedaron dudas, policías cuyanos partieron hacia Santiago del Estero para detener a Rodríguez. Lo encontraron la noche del pasado lunes 11 de enero en la casa donde se alojaba. Intentó resistirse y escapar, pero finalmente terminó preso.
Tres días después llegó bajo una fuerte custodia a Mendoza, donde quedó imputado por el delito de ‘homicidio agravado por el uso de arma de fuego’ y por atacar a un policía, lo que podría costarle la prisión perpetua.
Si bien no declaró ante las autoridades judiciales, Rodríguez lanzó algunas palabras sueltas ante la prensa. “Ya no puedo solucionar nada, lo siento mucho”, dijo antes de ingresar al patrullero que lo trasladó hasta la cárcel de Boulogne Sur Mer, donde quedó alojado.
