Se empezó a mover el avispero. Esta semana Cristina Fernández le ordenó al peronismo bajar candidatos. Y, también en estos días, José Luis Gioja mandó votar a Daniel Scioli en la contienda nacional por el sillón de Rivadavia. En ambos casos, Cristina y Gioja, y por ello son comparables, los líderes mantienen una notable verticalidad sobre sus mandados. Y "la tropa", una insoportable lealtad hacia sus líderes. "Es el peronismo, estúpido", podría resumir Bill Clinton. Los problemas aparecen cuando quieren incorporar a referentes de otros sectores, aunque sean aliados internos. Y hay casos para demostrar esa afirmación: todo el PJ ha salido, por lo bajo, obviamente, a rechazar la posibilidad de que Axel Kicillof sea el candidato a vicepresidente de Scioli. Consideran que al joven Ministro de Economía no lo conocen en el interior y que terminará tirando la imagen de Scioli hacia abajo, sobre todo en el sector empresario, que es uno de los más molestos con el Gobierno nacional. Cristina, parece, lo quiere igual. Kicillof no tiene el perfil de un caudillo peronista y no lo tendrá jamás. No es del palo, resumió esta semana un viejo conocedor de estrategias electorales. Un dolor de cabeza para Cristina y para Scioli, aunque el gobernador bonaerense parece tener el estómago más acostumbrado a digerir sapos y, con tal de lograr copar el sitial de Rivadavia, todo indica que está dispuesto a no chillar con la designación. A Gioja le pasa algo similar en Rivadavia: no ha logrado construir una figura peronista fuerte y tendrá que echar mano otra vez a una extrapartidaria como Ana María López, a quien le tiene confianza, pero hasta el límite justo. "Es la transversalidad, estúpido", repetiría Bill a los gritos.
Cleto, el transversal
La famosa transversalidad nació hace mucho tiempo, mucho antes incluso que la fórmula Néstor Kirchner-Julio Cobos, que puede ser el ejemplo más cercano y "popular". Según distintos historiadores, en 1974 Juan Domingo Perón empezó a hablar con firmeza de la oportunidad de abrir el abanico partidario a otras fuerzas para encarar lo que él llamaba "universalismo", un símil de lo que hoy conocemos como "globalización". Pero no fue hasta 1983 que el peronismo empieza a dar pasos concretos en ese rumbo, luego de la trágica dictadura argentina y la aplastante derrota del PJ a manos de la UCR en las elecciones presidenciales. Es decir, desde el regreso de la Democracia y antes incluso, la transversalidad que luego Néstor Kirchner llevaría adelante poniendo a Cleto como Vicepresidente, era materia de análisis político. Hoy Cristina Fernández, a su manera, trata de sostener esas mismas banderas. Qué es si no la unión entre facciones partidarias como los radicales de Leopoldo Moreau o agrupaciones como La Cámpora o Kolina con caudillos peronistas del interior como José Luis Gioja, José Alperovich, el mismo Daniel Scioli, y otros parecidos. El peronismo ha sabido mutar según las oportunidades y eso, en épocas de elecciones, no es más que una virtud. Parece que lo mismo está ocurriendo ahora, con la inclusión de algunos nombres como el de Kicillof, por ejemplo, o el radical Leandro Santoro, recientemente nombrado candidato a vicejefe de Gobierno porteño, acompañando a Mariano Recalde en la fórmula. Santoro vivió criticando a Cristina, pero ahora con cargo nacional flamante y candidatura de buena exposición mediática, es el mejor representante de las ideologías K. Veremos hasta dónde resisten Scioli y el peronismo estas arremetidas. Y si están dispuestos a seguir bancándose pelear cargos con ellos. Queda poco para definir eso.
Rivadavia
Salvando las distancias, se puede decir que a José Luis Gioja le pasa algo similar en uno de los departamentos más grandes de la provincia, como Rivadavia. Allí tras el fracaso de la gestión de Elías Álvarez, un "peronista puro", Gioja debió echar mano a extrapartidarios como Ana María López. Si bien la docente siempre militó en el peronismo, tras algunas decepciones armó su propio partido político que es desde donde se defiende hoy para seguir "donde está". Poca presencia giojista en ese distrito, casi nulo apoyo en las elecciones, arremetidas sindicales casi escandalosas y "enviados" del peronismo, han sido algunas de las estrategias que han usado para tratar de cascotear el rancho de la actual intendenta. No han podido. Ana María no mide lo que debería y es cierto lo que dijo, en un acto de traición sin antecedentes, Elías Álvarez semanas atrás en Radio Sarmiento: "En Rivadavia Fabián Martín está primero en las encuestas", aseguró sin miedo y sin ponerse colorado el actual Director de Defensa al Consumidor. Pero también es cierto que Ana María está creciendo y que, según algunos datos que se fugan de la misma Casa de Gobierno, es la mejor candidata que hoy tiene el Frente para la Victoria. Algunos peronistas amagan con Marcelo Delgado, el actual interventor de la Obra Social Provincia. Delgado tiene una trayectoria intachable y, parece, un futuro político importante, el tema es que por ahora los aliados que ha elegido no le suman, todo lo contrario. Y no tiene tiempo de crecer frente al basualdista Fabián Martín, quien viene peleando la intendencia desde hace años. En la cabeza de Gioja está la idea de que si hay interna, el ganador de esa PASO se llevará sus votos y también los de los perdedores, luego, en la elección general. Hay que ver si eso da resultado. La matemática y la política a veces no son compatibles.
En este escenario y si las cosas no cambian demasiado, Gioja deberá echar mano nuevamente a la famosa transversalidad de Perón en su momento y de Kirchner en otro. No le gusta para nada, pero no le quedan muchas opciones.
