Gilda Ramírez, de 83 años, es una de las vecinas que nació en Villa del Carril y que, pese a la edad, se acuerda hasta los apellidos de las primeras familias que habitaron la zona. Dijo que este vecindario contó con unas 30 casas en sus orígenes, pero que con la llegada del ferrocarril pasó a tener unas 300. Ella es una de las vecinas más antiguas del lugar y que será distinguida en la Fiesta Vecinal que comenzará hoy, organizada por su unión vecinal y el municipio de la Capital.

Rosarito Cocinero es otra de las vecinas que recibirá esta distinción y también coincidió en que la Villa del Carril creció con la llegada del tren que además le dio el nombre. Hasta 1885, el paisaje de la Villa del Carril era desolador y con eso se encontraron sus padres, según dijo Gilda. Había sólo unas 30 casas y abundaban los terrenos baldíos. Pero, a partir de ese año, toco comenzó a cambiar. ’Con la llegada del ferrocarril todo se transformó. Empezaron a instalarse familias que venían hasta de otros países a trabajar en la Estación San Martín o a emprender un negocio de venta en los alrededores. Por lo menos se asentaron unas 300 familias más. De a poco, los baldíos fueron desapareciendo y con ellos las fogatas que hacíamos en estos lugares en honor a San Juan y a San Pedro y San Pablo, según me contaron mis padres’, dijo la vecina.

Este auge poblacional puso en evidencia la falta de algunos servicios básicos en la zona y la necesidad de contar con ellos. Fue así que en 1906 se fundó la primera escuela en el vecindario. Delia Romarión, madre de Gilda, fue alumna de la primera promoción. ‘Ella me contó que el director y las maestras llegaban a caballo hasta la escuela para dictar clase’, dijo la mujer.

En 1930 ingresó a la villa el primer colectivo para el traslado público de pasajeros. Hasta ese entonces, los vecinos se trasladaban sólo en carretela o bicicleta. Y un par de años después llegó el correo. ’La única forma de comunicación era a través de cartas, pero teníamos que recorrer una larga distancia para llegar al correo. Por eso festejamos a lo grande cuando pusieron el gran buzón rojo en una de las esquinas de la villa’, recordó Rosarito Cocinero.

Esta mujer de 90 años, es una de la socias fundadoras de la Unión Vecinal que luchó sin descanso para conseguir un servicio fundamental: el gas natural. ’El gas pasaba por acá cerca, pero costaba mucho traerlo a la villa. Vendíamos locro, empanadas y hasta tortas para recaudar fondos. Después conseguimos el alumbrado público, el agua corriente y hasta las cloacas. Todo entre todos’, dijo la vecina.

Gilda y Rosarito dijeron que están felices por la Fiesta Vecinal que se hará en la Villa del Carril. Agregaron que será una gran oportunidad para reencontrarse con algunos viejos amigos.