El magnifico óleo del artista sanjuanino Benjamín Franklin Rawson llamado "La huida del malón”, expone con un realismo excepcional una vibrante escena de una familia montada en un veloz corcel, huyendo de un incendio. Tal escena corresponde a una época muy extensa y viva del siglo XIX, relativa a la guerra de los malones, también período de los fortines, indígenas de diferentes etnias, tolderías, gauchos, "huincas”, milicos, zanjas, desertores y cautivas. En relación a esta temática, pero musicalmente hablando, existe la genial y conocida pieza musical que compusiera don Buenaventura Luna, junto a Fernando Portal y Oscar Valles, llamada "Zamba de la Tolderías”. Esta zamba es una de las más emblemáticas del cancionero folclórico nacional, una joya tanto en su letra como en su música. El nombre otorgado indica las habitaciones o precarias viviendas principalmente de los indígenas pampas, hecha de cueros de animales. La atávica letra pinta esa época caracterizada por la lucha entre el gauchaje contra los indígenas o malones, sublimando a los antagonistas por igual, tanto en su valentía como culturalmente, anhelando para el terruño la bonanza social.
Con sabiduría valora a los indígenas en cuanto que fueron dueños de todo el paisaje geográfico y a nuestros sufridos paisanos tan bien descriptos en el "Martín Fierro”. La zamba comienza con la popular estrofa: "Tristeza que se levanta "e fondo de las tradiciones, del toldo traigo esta zamba con un retumbo "e malones…”.
Expone y ensalza como núcleo del tema a las tradiciones, la cual además de ser depositaria de estos relatos de ese tiempo ancestral y doliente, los trasmitió entre el gauchaje de generación en generación, fogón de por medio. En la siguiente copla, con añoranza expresa: "Con una nostalgia fuerte de ranchería incendiada, de lanza de boleadoras, y de mujeres robadas…”. En ella se denota intensamente la resistencia de los indígenas, los ataques llamados malones, especialmente los de la zona bonaerense, dirigidos por indomables caciques como aquel tehuelche aguerrido llamado Pincén, hábil con la lanza y amigo de dar asilo a los bandidos, a milicos desertores, incluso a su pares de otras tribus. Igualmente esta presente la toma o el rapto de mujeres, muchas de la cuales parieron un hijo en cautiverio. El estribillo manifiesta con fuerza estos sentidos versos: "Yo di mi sangre a la tierra, como los gauchos en los fortines. Por eso mi zamba tiene sonoridad de clarines”. De estas letras dice Hebe de Gargiulo …”el poeta intenta la vindicación de este antiguo dueño de valles y montañas que a veces integró, junto al gaucho, tropas auxiliares de las fuerzas patrias. El canto del poeta, resuena así, para criollos y para indios, valorando su inmolación sobre la tierra de la patria grande”.
