Teresa Lewis pasó sus últimas acompañada por su hijo, su abogado y otros familiares que llenaron la celda, sin ventanas, donde se encontraba. Además, como “ultimo deseo” pidió una cena alta en calorías. Según los informantes Lewis había solicitado un “típico menú americano”, compuesto por dos pechugas de pollo frito, guisantes (especie de arvejas) con mantequilla, soda “Dr. Pepper” y tarta de chocolate alemana, o, en su defecto, pastel de manzana fue el menú solicitado por la reclusa. Bajo una gran cantidad de custodia, todas mujeres, después de cenar y estar en compañía de su numerosa familia, Teresa pasó al lugar donde fue ejecutada con una inyección letal por planear el asesinato de su hijo adoptivo y su esposo.
