Como hacía mucho tiempo no se veía, el lago de Cuesta del Viento vuelve a atrapar por su postal de aguas de color verde, rodeadas de montañas. Tras la sequía que lo golpeó los últimos veranos, el embalse que el año pasado rozó el nivel crítico de agua ahora tiene más caudal y la actividad náutica está a pleno. Con visitantes de distintas partes del país, Rodeo tiene plena ocupación hotelera este fin de semana largo y los paradores del perilago aprovechan la circunstancia. Y si bien por las tardes aparecen decenas de deportistas que disfrutan de sus vientos, las mañanas son dedicadas especialmente a los principiantes, que buscan aprender a hacer windsurf, kite e incluso remar en kayak, pues hasta el mediodía el viento no es tan intenso.

Desde $400 la hora puede costar una clase para aprender alguna actividad naútica, mientras que un curso completo puede valer más de $3.000, de acuerdo a la cantidad de horas que se contraten.

A su vez, en general los instructores prestan los equipos durante las clases, ya que son muy costosos para ser adquiridos por quienes sólo quieren aprender.

La clave para los especialistas, que temprano esperan a sus alumnos, pasa porque durante las mañanas, la intensidad del viento en el lago es mínima y permite a los novatos familiarizarse con los elementos y empezar a conocer el comportamiento del embalse.

‘Por las tardes puede llegar a soplar vientos de hasta 70 nudos (unos 130 km/h), pero en las mañanas generalmente no llegan ni a los 20 nudos. Hasta esa velocidad es ideal para, por ejemplo, empezar a pararse en la tabla y navegar con una vela chica. Es muy importante el tipo de equipo que ofrecen las escuelas‘, dijo Felipe Lamanuzzi, de Puerto de Palos.

Allí también se puede aprender otras actividades con menos adrenalina que el windsurf o el kite, como kayak (con desplazamientos pegados a la costa) o standing paddle (remar sobre una tabla similar a las de surf). Ambas requieren de un lago que no esté tan ‘picado‘ por el viento, para que no levante olas, lo que sucede justamente por las mañanas. En tanto, para aprender prácticamente no hay límites de edad, ya que explicaron que hay niños de 5 años tomando clases.

Actualmente hay cinco paradores alrededor del embalse que, afirman, está a unos pocos metros de su cota ideal. Igual no se quejan porque la situación este verano cambió mucho con respecto a los anteriores, al punto en 2016 un grupo de operadores turísticos bajó la compuerta del dique para que el nivel no siguiera bajando, pero afectó el riego en Jáchal.