Con las reuniones ministeriales y diplomáticas, que se inician esta semana para establecer la estrategia política de la Cumbre de París sobre el cambio climático, convocada para el mes que viene, la humanidad ingresa en un punto de inflexión donde se pone en juego la propia existencia de las especies.

La dependencia de las Naciones Unidas para combatir el calentamiento global ya adelantó la presunción de que los compromisos voluntarios anunciados por 146 países -entre ellos la Argentina- son planes efectivos, pero todavía no cubren las necesidades observadas por los científicos, y siempre que estas naciones cumplan estrictamente cada una de las acciones para reducir los gases contaminantes.

De todas maneras la ONU ha celebrado el compromiso verdaderamente sin precedentes de la comunidad internacional, ya que todos los países industrializados, sin excepción, han presentado sus respectivos modelos de reducción de emisiones, un hito histórico, a lo que se suma la contribución del 75% de las naciones emergentes, lo que cubre un 86% de todas las emisiones globales. En gran medida se trata de una plataforma que da certeza al proyecto de alcanzar un acuerdo global y vinculante contra la peor amenaza a los ecosistemas.

El interrogante que plantea un supuesto éxitos en los anuncios, por una parte, pero sin ser suficientes, por otra, se explica en el avance del deterioro ambiental porque se ha llegado al borde de la cornisa, o a un punto de no retorno para la preservación del hábitat. Es que si la comunidad internacional no actuase en absoluto para aplacar el cambio climático, las temperaturas globales subirían entre cuatro o cinco grados centígrados para el año 2100 sobre los valores preindustriales, según estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía.

En cambio, si se implementan totalmente los planes nacionales, las temperaturas quedarían en 2,7 grados centígrados, un paso notable, pero la línea de defensa climática del planeta se sitúa en los 2 grados, por lo que este esfuerzo todavía no alcanzaría para contener la furia de la naturaleza. Lo trascendente es haber creado conciencia, tanto para la reducción de emisiones nocivas, como en políticas sectoriales ambiciosas para el desarrollo de energías renovables o mecanismos de eficiencia energética.