Más de 142 millones de brasileños concurrirán hoy a las urnas electrónicas para elegir al nuevo presidente de la república, que gobernará al país vecino en los próximos cuatro años y a los 27 gobernadores estatales, a 513 diputados y 27 de los 81 senadores que integran el Parlamento. Estos números señalan la importancia que revelan unos comicios precedidos de gran expectativa ante las aspiraciones de Dilma Rousseff por alcanzar su reelección y el reto de sus adversarios, que venían bien posicionados en las encuestas, particularmente la ambientalista de izquierda Marina Silva y el senador socialdemócrata Aécio Neves.
El viernes último, al cerrarse los últimos relevamientos, Dilma Rousseff, se ubicó como favorita con una intención de voto del 40% sobre Silva con un 24% y con estas cifras los analistas ahora dudan sobre quien puede resultar segundo, echando por tierra todos los pronósticos anteriores acerca de una derrota del oficialismo. De lo que no parece haber dudas es que todo se resolverá en una segunda vuelta, prevista para el 26 de este mes.
El trasfondo de la convocatoria electoral tiene lecturas que revelan el espíritu ciudadano de un pueblo que en un 74% desea que las cosas cambien, según un sondeo de la consultora Datafolha, con sentimientos contrapuestos porque si bien se inclinan por la reelección de Dilma también desean que se fortalezca la democracia para que la séptima economía mundial avance como nación desarrollada.
El brasileño es agradecido, porque millones de familias han salido de la miseria, ya no pasan hambre, y tienen servicios básicos y sistemas de salud y educación al alcance de todos desde las últimas dos décadas, pero son insuficientes porque existen recursos para asegurar mejores condiciones de vida. Frente al potencial que tiene la nación, el elector reclama a Brasil crecer con madurez política, sin la corrupción que ha ensombrecido a la actual administración despilfarrando billones de dólares. Las violentas manifestaciones callejeras, previas al Mundial 2014, fueron una dura advertencia para Rousseff, a pesar de haber eliminado y llevado a la Justicia a numerosos funcionarios.
Las repercusiones de los comicios brasileños se reflejarán en el plano internacional, en particular por el rumbo de la política exterior que se ha prometido para el nuevo período, con más compromiso occidental y, en caso de continuar Dilma, un respiro para la Argentina por el respaldo de la presidenta al Mercosur, a diferencia de las críticas de Silva.
