Piedras que caían de la nada. Golpes y ruidos que hacían retumbar los techos. El olor al cebo de las velas y azufre. El sorpresivo arder de una cama y el humo alrededor. Armas policiales que se trababan y no disparaban. Y en medio de esos sucesos paranormales, un misterioso hombre que aparecía cada vez que llegaba la noche y deambulaba por arriba de las casas o entre los arboles aterrando al vecindario. No es cuento, sucedió hace 14 años allá en la tranquila Villa Don Arturo en donde los insólitos hechos atribuidos a ese ‘fantasma’ o a la magia negra conmocionaron a su gente y mantuvo en vilo a la policía durante cinco noches.

Hoy, las calles de ese barrio de Santa Lucía lucen iguales pero serenas, aunque sus vecinos tienen el recuerdo fresco de aquella serie de supuestos fenómenos sobrenaturales ocurridos a fines de enero de 1998 y que nunca llegaron a ser develados. ’Fue una cosa bárbara, nunca vi algo parecido. Decían que andaba el demonio o que era un tipo que practicaba magia negra, pero hasta la fecha no sabemos qué fue’, explica hoy Francisco Torres, uno de los más viejos del barrio. Carlos Sain, que en ese entonces tenía 17 años y ahora cuenta con 30, agrega: ’Es algo que pasó, nadie nos lo contó. Se escuchaban ruidos en los techos. Me acuerdo que volvíamos temprano a casa porque no nos dejaban salir de noche’.

El comienzo

Dos meses antes, Claudia Molina ya había visto a esa extraña figura en el fondo de su casa. Muchos no lo tomaron en serio, como a otros relatos aislados que fueron surgiendo semana a semana, pero a mediados de enero de ese año los supuestos avistamientos o señales se repitieron hasta que la noche del 26 de ese mes el miedo se instaló del todo en la villa. ’Nunca me voy olvidar de lo que pasó’, afirma Salomé Páez. Dicen que no era la medianoche todavía cuando la vecina de al lado vio a través de la medianera cómo una cama que los Páez solían dejar en el fondo comenzó a arder y a despedir humo. Avisó a Solomé, entonces ésta salió y observó una estela de humo. ‘¡¿Quién sos vos?! ¡¿Quién te manda?!, grité yo, pero no escuche nada. Al rato se sintieron como que caían cosas y peñascazos’, recuerda. Esa noche, un grupo de jóvenes entró armado con hierros y palos a revisar el patio y, para espanto de todos, las ramas de un olivo comenzaron a sacudirse. Según los relatos, hasta llegaron los uniformados de la Seccional 5ta e intentaron disparar, pero sus Itakas se trabaron. Esto después lo confirmó el por entonces comisario inspector Jesús Riveros, pero lo relacionó a una casualidad. Esa noche, muchos de los habitantes de esa zona no pegaron un ojo y del miedo salieron a la calle y se reunieron a rezar.

Aterrados

Al día siguiente, con la puesta del sol algunas familias se encerraron, otras se amanecieron en la vereda mientras los policías hacían rondas. Tampoco tuvieron paz esa noche. La gente quedó boquiabierta y muda cuando una vecina se desmayó durante una cadena de oración y segundos más tarde

sintieron alaridos en la casa de Elsa Silva en calle Hugo Wats. La mujer, shockeada y con rasguños en el pecho, juraba haber sido atacada por el misterioso sujeto en el patio de su casa. Al rato, a pocas cuadras de allí, dos familias aseguraron también ver al ‘fantasma’, lo mismo que unos jóvenes que caminaban por la plaza. Otros vecinos hablaban de un bulto saltando entre los árboles, o de ruidos en los techos como si cayera una lluvia de piedras. Nadie entendía nada en ese caos, en medio de corridas de un lado a otro, gritos y hasta disparos efectuados por algún vecino que andaba armado.

Los testimonios fueron coincidentes en describir a ese hombre como una persona joven, corpulenta, de cabello largo y vincha. No se sabe con certeza si su aspecto era o no así, su sola figura imaginaria despertaba distintos tipos de especulaciones acerca de un loco o un ‘vivo’ que se reía de todos, o el mismísimo Satanás.

Todos los medios de la provincia hicieron las más diversas coberturas, llegaron inclusos periodistas de Buenos Aires a relatar tan extraños sucesos.

Todos y de todo

En las noches se podía observar a miembros de iglesias evangélicas orando con sus biblias, más allá a la comunidad católica en una especie de procesión. En otro lugar una curandera queriendo hacer una ‘limpieza’, un parapsicólogo y en una esquina un pai Umbanda intentando hacer un exorcismo. Hasta el ‘Mago Batuque’ y la vidente ’Sonia Fantón’ recorrieron las calles de la Villa Don Arturo buscando explicar lo inexplicable.

Fueron tres noches más que el barrio se vio convulsionado por los más diversos personajes y las caravanas de curiosos que paseaban por las calles atraídos por ‘El Fantasma de la Villa Don Arturo’. Nadie pudo dilucidar el gran enigma entorno a las supuestas apariciones o esos fenómenos paranormales, ni los policías de civil que se mezclaron con la gente esperando descubrir y demostrar que todo era parte de las tropelías de un simple vecino. Lo que es cierto es que después de tanta conmoción llegó un día, un ‘viernes de brujas’, que no se oyó más del misterioso hombre y pasaron semanas, meses y años que no se volvió a sentir nada extraño. Los vecinos del barrio igual no lo olvidaron. ‘Le teníamos un terror impresionante. Yo no creía en esas cosas hasta que me sucedió a mí. Yo misma luché con él. Pasó mucho tiempo, pero por ahí cuando sentimos ruidos, nos asustamos’, cuenta Elsa Silva, que curiosamente al tiempo se enfermó de diabetes. Salomé Páez, la otra testigo presencial, a los años perdió a su madre anciana y a su hermano.

El imaginario popular dirá que fue cierto, los más incrédulos desacreditarán todos los relatos, pero como sea seguramente será imposible borrar esas historias de las furiosas noches en que ‘el fantasma de la villa Don Arturo’ rondaban por los fondos y los techos de las casas.